La Federación Estatal LGTBI+ denuncia al sistema sanitario como principal fuente de violencia contra las personas intersex

Así se desprende del primer estudio realizado en España sobre la situación de las personas intersex: la investigación “Corporalidades intersexuales: derechos reales”, elaborada por la Federación Estatal LGTBI+

La Federación Estatal de Lesbianas, Gais, Trans, Bisexuales, Intersexuales y más (FELGTBI+) ha denunciado este lunes, en rueda de prensa celebrada con motivo del Día de la Visibilidad Intersex (26 de octubre), que el sistema sanitario es la principal fuente de violencias contra las personas intersex. Así, la presidenta de la Federación Estatal LGTBI+, Paula Iglesias, ha urgido al futuro Gobierno a dar prioridad y continuidad al trabajo que el activismo LGTBI+ y el Ministerio de Sanidad estaban desarrollando para la elaboración y publicación de un protocolo de atención sanitaria a personas trans, no binarias y personas intersex.

Según ha explicado la presidenta, “el desarrollo de este protocolo es un mandato establecido en la Ley LGTBI+ aprobada en 2023 y su aprobación ya lleva años de retraso. “Mientras tanto, las personas intersex siguen sufriendo una violencia injustificada en las etapas más tempranas de su vida. Esto es intolerable y pedimos a la ciudadanía un ejercicio de responsabilidad de cara al próximo 29N para que se pronuncien en favor del progreso y los derechos y podamos continuar con el trabajo iniciado”, ha demandado.

Por su parte, la responsable de investigación, formación y calidad de la Federación, María Rodríguez, ha explicado que el informe revela que las realidades intersex se han abordado en España desde un ámbito puramente médico, lo que ha dado como consecuencia una patologización. “La diversidad biológica natural se lee como una anomalía que debe ser corregida en todos los casos y las personas intersex son sometidas a la intervención médica normalizadora (cirugías estéticas genitales no consentidas, terapias hormonales, etc.) desde la infancia. El objetivo no es cuidar de la salud de la infancia, es encajar el cuerpo a la fuerza en el binarismo varón/mujer para que sea socialmente «legible»”, ha relatado.

«Pretenden erradicar la disidencia corporal y forzarnos a alinearnos con un desarrollo cisheteronormativo»

Así, ha manifestado que “el estudio, basado en una investigación cualitativa realizada a partir de una decena de entrevistas en profundidad con personas intersexuales de diversas cohortes generacionales, profesionales de la psicología, de la educación y juristas, muestra cómo el estamento médico e institucional es el principal agente de patologización y vulneración física y psicológica”. “Ninguno de los discursos ofrece resistencias a intervenciones quirúrgicas o reparatorias cuando así se necesite. La crítica viene por la idea sistemática de reconstruir los cuerpos solo porque no encajan en el esquema de corporalidad binarista”, ha compartido.

En este sentido, la representante de la Comisión del Año Temático de la Federación dedicado a las realidades intersex, Ariana A. Celorio, ha explicado que “la comunidad médica modifica la corporalidad de las personas intersex no para garantizar nuestro bienestar o funciones vitales. Lo hace porque busca un aparato sexual funcional que proporcione el deseo normalizado de una relación coital. Pretende erradicar la disidencia corporal y forzarnos a alinearnos con un desarrollo cisheteronormativo, que anula preventivamente nuestra capacidad para decidir sobre nuestra propia anatomía en la adultez”.

La investigación demuestra que, lejos de mejorar las vidas de las personas intersex, estas cirugías o tratamientos generan un impacto psicofísico profundo y desestructurante y provocan importantes secuelas físicas como dolor crónico, pérdida de sensibilidad sexual, esterilidad no elegida, incontinencia, cicatrices o necesidad de nuevas cirugías.

“Además, cuando las intervenciones se realizan en la infancia, pasan muchos años hasta que las personas intersex averiguamos qué ha sucedido”, denuncia Celorio. “En España, las personas tenemos el derecho por ley de conocer nuestra historia clínica. Sin embargo, las personas intersex hemos sufrido el ocultamiento absoluto del diagnóstico con el argumento de protegernos o se nos ha recetado “silencio” sobre nuestra realidad. También se nos ha cosificado utilizándonos como “curiosidades médicas”.

“La discriminación también se produce a través de formas silenciosas como la imposibilidad de compartir la propia historia»

En este sentido, Paula Iglesias, explica que “la discriminación no solo opera mediante agresiones directas”. “También se produce a través de formas silenciosas como la imposibilidad de compartir la propia historia, la vergüenza aprendida, el miedo al rechazo afectivo o sexual, el sentimiento de sentirse fuera de lo normal o no contar con palabras para nombrar la experiencia. Estos elementos afectan a la autoestima, a la relación con el propio cuerpo, el autoconcepto y los vínculos familiares y afectivos”, denuncia.

En este sentido, Iglesias recuerda que la legislación actual obliga a las administraciones a garantizar formación actualizada y continua del personal de salud sobre diversidad corporal desde una perspectiva de derechos humanos, abandonando cualquier enfoque patologizante.  “Esto es imprescindible para que el criterio médico no sea subjetivo, ni sujeto a opiniones sesgadas por desconocimiento o LGTBIfobia, sino conforme a los principios que establece la Ley de: no patologización, autonomía, decisión y consentimiento informados, no discriminación y asistencia integral.

Además, reivindica la eliminación de los tratamientos hormonales o quirúrgicos que no sean necesarios para preservar la salud o la integridad física de la persona, los no consentidos y los que carecen de evidencia que justifique su urgencia. Exige la erradicación inmediata de las exploraciones innecesarias, la cosificación y la exposición clínica sin fines diagnósticos y que se asegure el respeto a la intimidad y la confidencialidad.

Asimismo, exige que se garantice el acceso completo, transparente y sin restricciones a la historia clínica y se elimine la “receta del silencio” y la imagen de la diversidad como algo que ocultar o de lo que avergonzarse. También, que se asegure la información asistencial y el consentimiento informado de cualquier actuación. Y es que, según la Agencia de los Derechos Fundamentales de la Unión Europea, en España, menos de la mitad de las personas intersex o sus familias (44%) recibieron información detallada antes del primer tratamiento médico para modificar sus características sexuales; la mayoría (55%) no recibió dicha información, ni firmó ningún consentimiento informado para cirugías o tratamientos hormonales (57%).