Un museo también puede ser un lugar de encuentro, reflexión y reconocimiento. Así lo cree, y lo ha demostrado, Andrés Gutiérrez Usillos, director del Museo de América, quien lleva casi una década impulsando una transformación profunda. Desde hace años, la inclusión de la perspectiva LGTBI+ como parte esencial del relato cultural e histórico de la institución.
El World Pride 2017 como punto de partida
Todo comenzó en 2016, cuando el museo preparaba la exposición Trans. Diversidad de identidades y roles de género. Fue entonces cuando Jesús Generelo, presidente de la Federación Estatal LGTBI+ en aquel momento, le propuso alinear los contenidos con el World Pride. Desde entonces, la colaboración no ha parado. “Trabajamos también con asociaciones como Chrysallis o Cogam, porque era fundamental esa mirada múltiple y la revisión de las personas que día a día trabajan para el reconocimiento de las personas trans”, recuerda Gutiérrez Usillos.
Visibilidad desde el pasado
Visibilizar la historia del colectivo en la historia es fundamental. Para Gutiérrez Usillos, reconocer el pasado LGTBI+ en las diversas culturas del mundo “nos ayuda a entendernos mejor hoy en día y a romper tabúes y estereotipos. El museo debe mostrar esta diversidad en sus espacios, a fin de que el visitante LGTBI+ pueda reconocerse, auto-percibirse y valorarse”.
Para ello, no basta con poner etiquetas o abrir espacios temporales. El reto ha sido más profundo: cambiar la manera en que se interpreta el pasado. “Los sesgos con los que hemos estudiado las sociedades precolombinas han invisibilizado una diversidad de género que era mucho más rica de lo que creíamos”, afirma. En ese ejercicio, mirar hacia atrás se convierte en una forma de actuar en el presente. Porque esos mismos sesgos siguen influyendo en la vida cotidiana del colectivo: en su acceso al trabajo, en su seguridad, en su bienestar.
El museo como espacio seguro
El impacto de esta transformación no se ha quedado en las vitrinas. Ha permeado los pasillos, los despachos y el equipo del museo. “Nos hemos encontrado con algunas resistencias que siguen existiendo debido al desconocimiento”, explica el director del Museo de América. Así que el reto principal ha sido romper estas reticencias a tres niveles: los propios, los de la institución y los de las personas visitantes. “También había quien pensaba que un museo nacional no debía ocuparse de estas temáticas”. Pero, al final, su labor se ha dedicado en cumplir con el papel social de los museos y generar espacios de reflexión.
Para ello, la formación ha sido clave porque no se puede cambiar lo que no se conoce. “Muchas personas desconocían términos básicos como identidad o expresión de género. La formación ha roto muchos miedos”.
Un modelo para otras instituciones
Los frutos de todo el camino recorrido están a la vista. La respuesta del público ha sido positiva y el Museo de América se ha convertido en referente para otras instituciones. Tanto es así, que el trabajo y compromiso de Andrés Gutiérrez Usillos ha sido reconocido recientemente con el premio Working for Diversity. Un galardón que define como “un reconocimiento a todo el trabajo que se hace desde los museos estatales y, en particular, al equipo del museo de América ”.
La diversidad como parte del relato
De cara al futuro, el director tiene claro su deseo: integrar la diversidad en el relato permanente, no como una sección aparte, sino como una parte más del todo. Y, a su vez, consolidar el museo como un espacio de referencia para el estudio y difusión de la diversidad en el pasado con el fin de apoyar esa diversidad en el presente.
En definitiva, entender el museo como un espacio de encuentro donde nadie se sienta fuera del relato. Porque todas las personas formamos parte de la historia.