Ari Celorio se define como orgullosamente disca, neurodivergente y loca. También es transfeminista, intersex y bisexual. En mitad del mes del Orgullo Disca, conversamos con ella sobre accesibilidad, comunidad, discursos de odio y la necesidad de construir espacios verdaderamente inclusivos. Una conversación atravesada por la experiencia propia, en la que reivindica que el activismo no solo sirve para transformar la sociedad, sino que, en ocasiones, también puede salvar vidas.
¿Qué significa para ti ser activista hoy? ¿Ha cambiado ese significado con el tiempo?
No es solo poner el cuerpo, que es lo que más se ve y lo que tiene más visibilidad. También es autoformarnos para no caer en discursos de odio que vienen de la sociedad. Muchas veces ha pasado que activistas de distintos ámbitos han patinado terriblemente, y seguro que yo también he patinado. Y esa es una de las cosas necesarias en el activismo: la autoformación, para no equivocarnos o, al menos, para aprender de esos errores.
Y lo segundo es la empatía. Puede que algo no te afecte a ti directamente, pero sí puedes posicionarte. A menudo pasa eso de: «En esto no me posiciono porque no es lo mío». Pero, si haces eso, al final beneficias al enemigo, beneficias al sistema y beneficias a quienes nos están pisando el cuello a todes.
¿Cómo empezaste en el activismo?
Empecé con 15 años. A mí el activismo me salvó la vida. Yo soy superviviente de violencia de género, y gracias al activismo aprendí que no era mi culpa, que no era yo quien tenía que sentir vergüenza, que no tenía que tener miedo. Quien me estaba haciendo daño era quien debía sentir esa vergüenza, porque era él quien estaba haciendo las cosas mal.
Yo empecé en el feminismo, por supuesto transincluyente. Y gracias a las compas he podido tener una formación mucho más profunda sobre el activismo y ampliar otros horizontes, como es el activismo LGTBIQA+.
Haces activismo en redes sociales. ¿Qué te ha aportado ese espacio y qué te ha desgastado?
La parte buena es que siempre hay gente que te da las gracias porque ha descubierto que se identifica con determinada etiqueta. Como hago mucho activismo sobre discapacidad, hay gente que me agradece que visibilice las enfermedades crónicas o raras, y eso es muy necesario, porque cuando las tienes sientes que no hay nadie.
También me llega mucha gente pidiendo ayuda, y eso significa que encuentran en el activismo a personas en las que apoyarse y con las que seguir adelante en un mundo que no nos quiere aquí.
Y la parte mala es la cantidad de discursos de odio que te comes cuando eres una persona visible. Se nos hizo viral un podcast de Ángeles Blanco y, desde entonces, llevo recibiendo insultos, amenazas, gente deseándome la muerte… Incluso hay una parte en la que hablo del suicidio y mucha gente me dice: «Ojalá te hubieras suicidado». Y es como… ¿qué dices? ¿Cómo puede ser que eso tenga cabida dentro de tu conjunto de valores?
Hay muchísimo odio y mucha gente que lanza discursos muy horribles que pueden hacer mucho daño. Pero, sinceramente, merece la pena, porque ves la otra cara todo el tiempo. Ves que hay gente que, gracias al trabajo que hacemos, encuentra un lugar donde puede ser.
¿Qué consecuencias tiene para ti recibir estos discursos de odio y cómo lo gestionas?
Cuando fue la ola más chunga, mi psicóloga me dijo que dejara el control de los comentarios a otra persona, porque me estaba generando heridas sobre traumas que ya tenía y no me estaba viniendo bien.
Durante un tiempo fue mi pareja quien leía los comentarios. Se encargaba de bloquear las cuentas y solo me leía los comentarios buenos, para que supiera que sí hay gente que te apoya y que está ahí para ti.
Fue muy frustrante, porque yo no digo nada raro. Hablo de mi realidad y de situaciones terribles, y llegas a preguntarte: «¿Qué he hecho yo para recibir esta oleada de odio?».
Teniendo todo esto en mente, ¿por qué es importante el activismo hoy en día?
Por los discursos de odio. Si no nos enfrentamos a ellos, van a seguir existiendo, y me niego. Me da mucha rabia dejarme vencer por esta gente. No me da la gana esconderme, no me da la gana dejar de subir contenido porque haya personas difundiendo odio contra mí.
Al final, seguir aquí, seguir hablando y seguir haciendo activismo también es una forma de rebelarnos contra un sistema que nos quiere callades.
¿Cómo se puede hacer frente a estos discursos de odio?
Primero de todo, en comunidad. Porque una de las cosas que a mí siempre me ayuda es que, cuando no estoy bien, acudo a mis amigues. Mis referentes son mis amigas, y con elles siempre encuentras un lugar donde descansar.
Además, quienes están dando los discursos de odio son otres; les amigues, en cambio, son las primeras personas que dan la cara por ti.
Cuando hablas de accesibilidad en los movimientos sociales, ¿a qué te refieres exactamente?
La accesibilidad es un concepto muy amplio, porque cada persona disca es diferente y no tenemos las mismas necesidades. Yo suelo definirla de una manera muy simplista: que una persona pueda entrar, quedarse y participar. Esas tres cosas son importantes.
Que haya una rampa en la puerta no hace que tu espacio sea accesible, porque, si esa persona no puede estar sentada de forma cómoda, no puede quedarse. Si esa persona no puede usar el baño, no puede participar, porque va a tener que irse. Entonces, ese espacio no es accesible.
Es un ejemplo muy sencillo, pero importante, porque las personas discas LGTBI+ llevamos años invisibilizadas y tenemos mucho que decir. Cuando se habla de matrimonio igualitario, por ejemplo, no es realmente igualitario un matrimonio que sigue quitándonos derechos a las personas discas.
¿Cómo podemos acercarnos a construir espacios realmente interseccionales y seguros?
Lo primero es preguntar. No sabes quién va a acudir y puede que estés haciendo una adaptación muy concreta cuando esa persona necesita otra cosa que, además, igual es más sencilla o más barata.
Está muy bien hacer cosas como poner rampas, tener baños accesibles o asientos cómodos, pero también es importante crear un formulario donde las personas discas podamos decir qué necesitamos. A lo mejor necesito una persona que me acompañe. En espacios hay grupo de cuidados, que son personas que se encargan de apoyar a personas discas, neurodivergentes o a alguien que se siente incómode o asustade por estar en ese espacio por primera vez.
Al final, eso es importante porque la accesibilidad ayuda a todo el mundo. Y verla desde esa perspectiva también ayuda a dejar de pensar que es algo que solo para las personas con discapacidad.
En tu libro Disca, loca, bruja. Vamos a quemarlo todo planteas la idea de escribir desde el cuerpo. ¿Qué significa exactamente escribir desde ahí?
Desde las vísceras. Cuando doy una charla o una ponencia, pongo por delante mi cuerpo y mis dolores para que la gente pueda entender a qué me refiero. Porque la formación no se puede quedar en lo abstracto; hay que aterrizarla en vivencias específicas porque ayuda a que la gente te entienda y pueda empatizar con aquello de lo que estás hablando.
El año temático de la Federación Estatal LGTBI+ lo dedicamos a la visibilidad de las corporalidades intersex, una realidad que sigue siendo una realidad muy invisibilizada. ¿Qué es lo primero que te gustaría que la gente entendiera?
Lo primero es que no hay una única realidad intersex. Es habitual que se ningunee a determinadas identidades intersexuales por no encajar en la idea que se tiene de lo que debe ser la intersexualidad.
A mí, por ejemplo, muchas veces me niegan ser intersex porque nunca se me mutiló genitalmente. Como cuando era pequeña nadie se dio cuenta de que lo era y, cuando fui adulta, ya no pudieron imponerme esa operación, según esa idea social ya no puedo ser intersex. Incluso las TERFs han ninguneado mi experiencia y mis dolores, como si yo fuera basura o como si estuviera fingiendo ser intersex.
¿Cuáles son los principales retos que afrontan hoy las personas intersex?
Son muchísimos. Pero el primero es el trato médico, que no termina en la infancia. A lo largo de toda tu vida vuelves a enfrentarte a violencias médicas de todo tipo.
No solo ocurre dentro del ámbito sanitario per se, cuando tienes alguna dolencia. También ocurre, por ejemplo, en el ámbito reproductivo, la reproducción asistida no está pensada para las personas intersexuales. Te encuentras con la barrera de que tu profesional de la salud no sabe cómo darte acceso a esa posibilidad. Y eso es un problema, porque muchas veces podríamos acceder a ella de la misma manera que una persona endosex.
Luego también nos encontramos con que, si nuestras características sexuales secundarias no encajan con cómo se supone que deberían ser, por ejemplo, en mi caso que me salga barba, muchas veces se ejerce violencia sobre ti en la esfera social o institucional porque no encajas en lo que esperan de ti.
Y también en el ámbito laboral. Si tus características intersexuales «se notan», muchas veces recibes violencia por parte de quien te entrevista, de tus jefes o incluso de clientes. A mí me ha pasado porque se me notaban las calvas en la cabeza. Mi jefa llegó a decirme que me acabarían despidiendo porque no encajaba en la imagen de la empresa.
Te defines como “orgullosamente disca, neurodivergente y loca”. ¿Qué implica para ti reapropiarte de esas palabras?
Creo que es importante reapropiarnos del término discapacidad. Hay una frase que se escucha mucho últimamente: «Discapacidad no es una mala palabra». Y lo primero es entender por qué. Señala quién te está discapacitando, que es el sistema. La discapacidad no existiría como un término de opresión si no existiera un sistema que nos está jodiendo a diario, porque no es accesible, porque no está hecho para nosotres.
Es importante dejar a un lado los eufemismos, que muchas veces solo responden a un buenismo impuesto y no ayudan a nadie, y empezar a pensar de dónde viene realmente la opresión. Y ya es hora de empezar a buscar soluciones reales a este problema.
El tema de la neurodivergencia también es muy necesario. A día de hoy seguimos teniendo esa imagen de que una persona neurodivergente es Sheldon Cooper o The Good Doctor, que, curiosamente, casi siempre son hombres. Spoiler: no. Esa imagen hace mucho daño a las mujeres neurodivergentes y a las disidencias de género neurodivergentes, porque retrasa el diagnóstico y hace que tardes muchos más años en saber quién eres. Yo todavía estoy en ese proceso. Me cuesta, porque tengo un problema con no sentirme nunca suficiente para nada y, entonces, todavía me cuesta un poco nombrarme como una persona neurodivergente.
Y el término loca lo veo muy necesario dentro del marco del Orgullo Loco. A las mujeres siempre se nos ha tratado como locas, pero muchas veces se nos olvida que, cuando se nos trata así, hay unas violencias muy específicas asociadas a esa etiqueta. También hay unas intenciones muy concretas por parte de la institución psiquiátrica que afectan especialmente a las mujeres disidentes, tanto LGTBI+ como discas o con enfermedades crónicas.
Creo que hay que responsabilizar a quienes han construido y utilizado esas etiquetas para ejercer violencia. Y, desde ahí, reapropiárnoslas y empoderarlas. Sí, estoy loca. ¿Y qué pasa? ¿Por qué diablos justificas esta violencia solo porque me consideres loca?
¿Qué te gustaría que cambiara en la forma en la que se entiende la discapacidad y las neurodivergencias dentro del propio movimiento LGTBI+?
Como algo que forma parte del colectivo, que no sea la otredad, que no estemos de adorno ni para que alguien se marque el punto de que es inclusivo. Sino que, como va a pasar este año, tengamos voz en muchos espacios, que no se nos ignore, que se nos trate con dignidad y que no se nos considere algo secundario.
Que se hable del matrimonio igualitario dentro de las residencias para personas con discapacidad. Que se hable de lo difícil que es que las personas LGTBI+ puedan convivir juntes en las cárceles. Que se hable de todas esas cuestiones que son derechos humanos y que la mayoría de la población ya ha conseguido, pero que todavía no llegan a nosotres.
Que el matrimonio deje de ser una institución que nos quita derechos a las personas discas. Porque, si tu pareja o tu núcleo familiar tiene determinados ingresos, dejas de percibir la prestación por discapacidad. Y eso genera una vulnerabilidad añadida en un colectivo que ya tiene un porcentaje de violencia de género altísimo. Si no tienes dinero, ¿cómo sales de una relación de maltrato? ¿Cómo te vas de ahí?
¿Cuáles crees que son los retos más urgentes del colectivo LGTBI+ hoy?
Creo que algunas cosas ya están en proceso. Por ejemplo, el tema de los protocolos sanitarios para personas trans e intersex, para que dejen de ser una violencia tras otra.
También es importante que volvamos a entrar en las escuelas. Durante un tiempo la educación sexual integral estaba a la orden del día, pero ahora ha desaparecido de muchos centros por el auge del fascismo. Y eso es un problema, porque si cuando yo era pequeña me hubieran dicho que existían las personas intersex, habría sabido lo que me estaba ocurriendo. Yo viví una adolescencia con mucho miedo porque no entendía lo que me pasaba. Habría sido muy sanador para mí saber que existíamos.
Por eso creo que lo primero es la visibilidad en las infancias. Y también es importante luchar para que el espacio público sea nuestro, porque debe ser de todes. Siempre se nos ha expulsado del espacio público y, en muchas ciudades, también se nos está expulsando del centro durante el Orgullo. Además, los espacios que no están en el centro suelen ser menos accesibles, así que eso aumenta todavía más las dificultades para que las personas discas puedan acudir a las manifestaciones del Orgullo o a cualquier otra movilización del colectivo.
Esa problemática es importante. El espacio público también tiene que ser nuestro, porque necesitamos encontrarnos no solo en el ocio, en la fiesta o en los espacios que se supone que nos corresponden. Estamos en la vida cotidiana y nos vas a ver por la calle.
Antes hablabas de la idea de comunidad, ¿cómo podemos construirla?
Es complicado, porque el capitalismo te inyecta la idea de que el individualismo es bueno. Pero pregúntale a tu vecina si necesita algo, acompaña a tu abuela al médico, pregúntale a tu amiga si está bien. No pasa nada.
Yo tengo personas maravillosas a mi alrededor y solo tengo que llamar para que estén ahí. Y eso es crear comunidad, porque cuando alguien me necesite a mí, yo también voy a estar.
También es importante que, cuando creamos comunidad, sepamos decir qué cosas podemos hacer y cuáles no. Porque a veces nos forzamos demasiado y acabamos enfermando o muy quemades. Hay que tener claro hasta dónde podemos llegar y hasta dónde no, y no pasa nada. Los cuidados también consisten en eso.
Para mí, crear comunidad es hacer lo que está en tu mano para ayudar a la gente que tienes alrededor. Y ni siquiera tienen que ser relaciones cercanas. A mí me escribe un montón de gente todos los días que no conozco de nada, pero, si puedo ayudar, ¿por qué no lo voy a hacer?
Si pudieras hablarle a tu yo adolescente o infantil, ¿qué te gustaría decirle hoy?
Le diría que no está sola. Que, por mucho que piense que lo está, no es verdad.
El recuerdo que tengo de mi adolescencia es el de sentir que estaba sola, que era una exagerada, que todo se desmoronaba y que no tenía opciones para seguir adelante.
Pero le diría que sí salimos. Que estamos haciendo todo lo que nos habría gustado hacer cuando éramos pequeñes. Que tenemos una relación maravillosa, unes amigues maravilloses, una familia elegida increíble y que estamos bien.
Aunque las cosas vayan a ser difíciles, conseguimos salir adelante.
Este portal trata sobre referentes. ¿Por qué son importantes los referentes? ¿Cuáles han sido tus referentes?
He tenido pocos referentes, porque una persona disca, intersexual y bisexual somos como unicornios.
Con el tema bi sí tuve referentes en mi día a día. Estaban Ana y Bea, de Aquí no hay quien viva. Y mi despertar bisexual fue con Xena, la princesa guerrera. Era aquello de: «No sé si quiero ser como ella o si me gusta ella».
En el tema disca, mis referentes son mis amigas. En redes, por ejemplo, Diario de una paciente rara, Realidades Diversas, Orgullo Disca Argentina. También todas las personas que forman parte de mi asociación, Rebelión Feminista. Todes elles son mis amigues y mis referentes. He aprendido muchísimo gracias a elles, aunque no sean famoses o no tengan un altavoz enorme.
Y, del mismo modo, la gente de la Federación Estatal LGBTI+. He encontrado un lugar donde sentirme a gusto, aprender de mis compas y conocer mejor realidades que no me atraviesan directamente, como la asexualidad o el arromanticismo, para poder luchar de su mano.
Los referentes son importantes porque te permiten verte reflejade y entender que tu vida también puede ser feliz. Son esas personas que te dicen que no estás rote, que el día de mañana vas a poder vivir sin miedo. Y también son importantes porque te permiten aprender de otras realidades y ampliar la mirada.