Aike: “Las personas no binarias somos tan desconocidas que muchísimas gente ni se plantea que sea una opción”

Aike, tiene 20 años, es activista en Iguales USAL, entidad LGTBI+ de Salamanca y miembro del Grupo Trans de la Federación Estatal LGTBI+. Es de Ciudad Real, donde se visibilizó como persona no binaria, asexual y arromántica cuando estudiaba en el instituto. En septiembre empezará el tercer curso de Filología Japonesa en la Universidad de Salamanca. 

Eres una persona no binaria visible, ¿cómo es tu día a día cuando te presentan como tal? 

Me muevo en un entorno muy abierto y no tengo que dar muchas explicaciones. Sí tengo que darlas cuando conozco a gente nueva fuera de mi círculo, por ejemplo, en la universidad, a la hora de buscar trabajo, al estar en público en cualquier sitio donde tenga que entregar documentación, cuando voy a alojarme en algún sitio, etc. Aunque la relación que tenga con la otra persona sea inexistente, me veo en la obligación de dar explicaciones. 

Así, cuando me presento a alguien, además de decirle que soy no binarie, para que sepa que no soy ni un hombre ni una mujer, tengo que explicarle lo que significa. Es muy cansado y puede ser muy frustrante. Además, la presión social y el intento de encajar pueden hacer que dudemos de quiénes somos porque existe una barrera entre lo que yo soy y lo que la gente ve. 

Fuera de mi círculo, la invisibilización es compleja porque ni siquiera se hace de manera consciente. Las personas no binarias somos tan desconocidas que muchísima gente ni siquiera se plantea que sea una opción. La gente no tiene por qué saber qué es ser no binarie. 

A veces me encuentro con que sí lo saben, o que han oído hablar de esta realidad, aunque no la conocen. Ahora, con la ley estatal, se ha visibilizado a las personas no binarais, no siempre de manera positiva, pero al menos se nos menciona. La mayoría de la gente con la que me he encontrado ha intentado hacer un esfuerzo. Quizás no lo entienden al 100%, pero hacen el esfuerzo de respetar. Y es importante destacar que no es necesario entender para respetar. Al final, hay mucha desinformación, pero cuando cada cual pone un poco de su parte, se llega a un punto de respeto. 

¿Qué siente una persona no binaria cuando no se respeta su identidad? 

Cuando vives sabiendo quién eres y la gente no lo respeta, se sufre un ataque directo a tu persona. Si le digo a alguien que use el pronombre neutro y me dice que no quiere, no que le cueste, sino que no quiere, eso es una negación directa de lo que yo soy. Me está diciendo que mi identidad no es digna de ser respetada y que me va a forzar a encajar en sus estándares. 

Eres estudiante de filología japonesa en Salamanca, ¿has encontrado un entorno seguro en la universidad? 

En mi caso, la universidad ha sido un entorno muy abierto. Muches compañeres de clase no sabían lo que era ser no binarie antes de conocerme y han intentado entenderlo. Me siento muy respetade y acogide en la universidad. A nivel de profesorado, no siempre ha sido así, pero creo que es por desconocimiento, no por mala intención.  Si digo que soy no binarie, al ser clases muy numerosas, hay veces que el profesorado se olvida de nuestros nombres, en general, y en mi caso, también de mis pronombres. Pero en general, a algunos profesores, aunque les cuesta, intentan hacer ese esfuerzo. Yo también tuve que familiarizarme con el pronombre neutro, no se aprende de un día para otro. 

Has mencionado antes también el ámbito laboral, ¿has sufrido alguna discriminación motivada por tu identidad de género en este entorno? 

Estuve trabajando en un restaurante y cuando mi jefe vio que mi nombre del DNI y el de la Seguridad Social no coincidían, me preguntó por el pronombre que debía usar. Pensé que era una persona respetuosa y que podía decirle que era no binarie. Le dije que sabía que podía costar, porque no se oye mucho, pero que me identifico con el pronombre elle y que le agradecería mucho que se refiriera a mí de esa manera. Para mi sorpresa, me dijo que no y me volvió a preguntar con qué pronombre me llamaba. En realidad, me estaba dando a elegir entre el masculino y el femenino. Ese es un ejemplo claro de la violencia y negación que sufrimos las personas no binarias. 

¿Cómo te iniciaste en el mundo del activismo? 

Siempre he sido muy habladore y, hace 2 o 3 años, cuando aún estudiaba en Ciudad Real, empecé a dar charlas sobre sexualidad porque también soy asexual. Me di cuenta de que apenas había información pero que sí tenía un entorno que me preguntaba. Tuve una profesora en la ESO que me preguntó si quería dar una charla a un grupo de 4º de la ESO. Me pareció muy interesante y dije que sí. Me sorprendió que, al acabar, la profesora me preguntó si me gustaría repetir con otro grupo de Bachiller así que así empecé a interesarme en el tema de las charlas.  

Después, me mudé a Salamanca y busqué si había algún tipo de colectivo para participar en grupos y conocer gente y encontré a Iguales USAL. Yo no sabía hasta qué punto podría echar una mano, pero me uní a un grupo de educación para dar charlas en centros educativos. Meses después, me enteré de que existían grupos de trabajo en la Federación Estatal LGTBI+ y me uní también al Grupo Trans.   

Además, a veces llega un punto en la vida en el que las cosas empiezan a torcerse y empiezas a encontrar baches, y vi que las personas trans conseguimos los privilegios que otras tienen, peleando. Así, cuando empecé a tener problemas en la Seguridad Social para conseguir la mastectomía, decidí también unirme a Euforia que ofrecía asesoramiento legal. 

¿Qué problemas tuviste con la Seguridad Social? 

El sistema no reconoce la existencia de las personas no binarias y me obligaban a hormonarme durante dos años, cosa que yo tenía claro que no quería hacer, para poder hacerme la mastectomía por la sanidad pública.  Y, sin ley autonómica en Castilla y León, era muy difícil pelear con una ley estatal que, en ese momento, no se había modificado desde 2007. Me mandaban del psiquiatra, al endocrino, con plazos de un año, y se iban pasando la pelota. Al final, me dieron la patada definitiva y me dijeron que no había manera de hacerlo sin hormonas así que pasé un par de meses de bajón, por decirlo de forma suave. Me planteé pagarme la operación, pero cuesta 6.000 euros y no sabía si, mientras estudiaba y trabajaba, iba a poder ahorrar tanto.  

¿Has sufrido alguna otra discriminación a nivel burocrático? 

Tiempo atrás, cuando fui a cambiar mi nombre en mi DNI en Ciudad Real, me pidieron dos testigos para cambiar el nombre, aunque luego me enteré de que, por ley, no es necesario. También me pidieron pruebas físicas, que yo no sabía ni lo que eran. Al final, eran capturas de pantalla de conversaciones de whatsapp en las que se me llamaba por mi nombre. Esto fue solo para cambiarme el nombre. Hice el mismo proceso de cambio de nombre que cualquier persona cis que se quiera llamar de otra manera, pero a mí me pidieron todo eso. Llega un punto, en el que son tantos trámites, que no sabes por dónde seguir. Al final, te agotas, y por eso te acabas metiendo en el activismo y te das cuenta de que o empujas tú o no empuja nadie. 

A nivel personal, ¿siempre supiste que eras no binarie? 

Tuve un proceso de descubrimiento bastante largo, porque los primeros años no sabía lo que me estaba pasando. Me di cuenta de verdad de quién era con 17 años, pero porque antes no sabía que existían las personas no binarias. Yo lo comparo a un vaso lleno de agua, o lleno de cosas que te incomodan. Yo crecí en un entorno muy libre, nunca tuve que ponerme faldas, ni gorras, pude hacer las actividades de género que quería, jugaba con lo que me daba la gana, así que cuando era pequeñe, ese vaso estaba casi vacío. Pero cuando llegué a la pubertad, con los cambios físicos, de repente, toda esa tolerancia empezó a achicarse.  

Se empezaron a esperar cosas de mí, que saliera con chicos, por ejemplo. Y en mi caso, que soy asexual, aromántique y no binarie se esperaba que hiciera cosas que no me interesaban, ni me gustaban. Habían hecho un camino para mí que no me gustaba, no era para mí, pero no sabía tampoco cuál era mi camino. Fue un proceso muy largo. Estuve como dos o tres años pensando: “pero si es que no soy un chico, pero tampoco soy una chica”, y llegué a la falsa conclusión de que lo que tenía eran complejos físicos y que no me pasaba nada.  

Un año más tarde, acabando la ESO, volví a pensar en el tema del género y conocí a un amigo trans del que aprendí muchísimo. Me dijo que existían el lenguaje neutro y el género no binario. Llegó un día en el que decidí hablar con mi madre, porque sabía que reaccionaría bien. “Yo te quiero, soy tu madre, y pase lo que pase te voy a apoyar”, me dijo. Empecé a ir a una psicóloga que me ayudó a aceptar mi identidad, estuve 3 meses con ella y me ayudó muchísimo. 

¿Ahí saliste del armario también con el resto de tu entorno?  

Se lo dije a mi familia, a mis amigues, y ya, en segundo de Bachiller, salí del armario con mis profes. Lo hablé con mi tutora, que era la jefa de estudios, y tuvo una reunión con todos los profesores a la vez. Esto me ahorró tener que contarlo uno a uno. Me preguntó si quería decirlo yo en clase o si prefería que lo hiciera ella. Le pedí que ella diera pie y entonces ya, lo diría yo.  

Así, ya en clase, empezó a leer normativas y protocolos en favor de la diversidad. Dijo que había una persona en el centro que era trans y que había decidido cambiarse el nombre, por lo que pedía respeto y comprensión. Acto seguido, preguntó si me quería presentar. Me presenté, expliqué cómo es el lenguaje neutro y mi nombre. Pensé que se iba a producir el típico silencio incómodo de todo el mundo mirándome, pero antes de sentarme, une de mis amigues empezó a aplaudir y le siguió toda la clase. Me dijo que era valiente y me vine arriba pero realmente me planteo: ¿deberíamos ser valientes o el mundo debería hacer que no fuera necesario ser valiente para decir quién eres?  

¿Qué papel juegan los apoyos cuando alguien decide visibilizarse? 

Cualquier apoyo es vital cuando estás en la situación en la que quieres ser quién eres, pero aún no sabes si te van a dejar. Si se lo dices a una persona y te apoya, tienes un punto de apoyo. Si se lo dices a varias y más te aceptaban, más punto de apoyo tienes. Si yo no hubiera tenido a nadie que me apoyase, habría sido mucho más complejo. 

 Sigue habiendo mucho acoso en el entorno escolar, por ejemplo, y en esos casos, que alguien del profesorado te apoye, es importante porque es un punto de apoyo con autoridad sobre quien te está acosando. Yo tuve un problema con un profesor, pero no fue a más porque sabía que tenía el apoyo del resto. 

Hay personas que salen del armario y se ven obligadas a volver a meterse en el armario. Es muy triste porque si consigues dar ese paso hacia quién eres nadie debería verse obligade a volverse a ocultar. 

¿Qué le dirías a alguien que esté pensando visibilizarse pero aún no lo haya decidido del todo? 

Partir de una situación privilegiada como la mía no es lo habitual. Yo he tenido un entorno muy abierto que no me ha puesto barreras significativas. Diría que, si quieres decirle al mundo quién eres, valores tu entorno. Y no porque debas hacerlo o no según el entorno que tengas, sino porque, según tu entorno, quizá tengas que tener un plan B. Quizás salgas del armario y no pase nada, pero si lo haces y pasa cualquier cosa, con un plan B te puedes defender.  

Por ejemplo, un plan B puede ser buscar un trabajo e independencia económica, tener gente con la que te puedas ir a vivir, localizar entidades que te puedan ayudar, etc. También es bueno ser consciente de que no todo el mundo lo va a entender, pero no por eso no lo van a respetar. Lo que a mí me ha funcionado ha sido la paciencia, ver que cada cual tiene su forma de ver el mundo. Eso no significa que la gente tenga derecho a discriminarme, pero tampoco significa que tengan que compartir mis opiniones.