“Nuestras referentes son las abuelas que han levantado un país para que estemos aquí”

Rocío Saiz es cantante y activista lesbiana. Fue galardonada con el Premio Pluma en 2022 por crear de la pista de baile un espacio político. Por eso sus canciones son una ventana de visibilidad de las relaciones entre mujeres. Harta de que se la vincule constantemente con el incidente que ocurrió cuando un policía paró su concierto en Murcia por quitarse la camiseta, insiste que es mucho más que ‘la de las tetas’: ha hecho tres películas, cuatro discos, participa en dos programas de radio y está escribiendo un libro. El 10 de noviembre saldrá su nuevo disco: Autoboicot y descanso
Eres una referente en el activismo LGTBI+. ¿Qué te impulsó a adentrarte en el activismo y la lucha de nuestros derechos?
No hubo un hecho concreto que me impulsara. No creo que el activismo sea algo que un día te levantes y digas: ¡ay, quiero cambiar las cosas! Es como un fuego interno, yo lo llamo el furor uterino.  Te fuerza a romper con la rutina a la que estás acostumbrada porque estás harta de que te traten mal, de que te miren con desprecio, de que te echen de lugares, de que te insulten y de que te juzguen. Hay algo dentro de ti que no puede evitar que seas como eres y no te permite dejar de ser quien eres, incluso cuando el activismo choca con tu trabajo, con tu familia o con tu vida y acarrea tener que apartarlos, aunque sea alguien a quien quieres.  En realidad, no me gusta la palabra activista porque ojalá lo fuéramos todos. Pero este activismo te lleva a cortar algunas relaciones y te marca el camino correcto. El bien es el bien, y no hay aristas. Para que el mundo sea menos gris solo hay un camino. No creo que haya que respetar todas las opiniones porque hay algunas que van en contra de los derechos humanos. 
¿Cuál crees que es el principal reto al que se enfrenta el colectivo a día de hoy? 
La violencia. No hay más retos que poner fin a la violencia, erradicar el odio, eliminar el sufrimiento y el dolor. Hablo desde una perspectiva de privilegio, como persona blanca, europea y cis. Pero si miramos hacia fuera tenemos un mundo horroroso. 
¿Cómo crees que podemos hacer frente a esta situación?
Si me preguntas hace años, te diría que desde la palabra. Siempre he sido partidaria de la calma y del diálogo. Sin embargo, cuando ves a un pueblo cargarse a otro, te sale la fuerza. No quiero decir que tengamos que recurrir a las armas y acabar con la gente que está haciendo el mal, pero sí experimentas una sensación de impotencia y frustración. Tú irías allí y dirías ¿pero qué estáis haciendo? Hay gente con quien no se puede dialogar por mucho que queramos. Supongo que para eso existen las leyes. 
Antes comentabas que estabas cansada de que nos mirasen mal y de los comentarios a los que nos enfrentamos. Entiendo que has sido víctima de una agresión LGTBIfóbica. ¿Cómo lo sobrellevaste? 
Actuando me han tirado vasos, piedras y hielos. Y sin actuar me han echado de una discoteca de Almería por besarme con la novia de entonces. No me echaron, me empujaron del bar. En otra ocasión, en San Juan de Luz, estaba con mi novia y una señora nos dijo que dejáramos de besarnos.  En ese momento tienes dos opciones: ponerte bruto o manso. Siempre he tenido mucho carácter y era de pelear, pero hay ocasiones donde no puedes pelear ni defenderte, porque es una situación concreta y sabes que vas a perder o te vas a meter en un problema más grande.  Quizá por eso le contesté al policía de Murcia, porque llevaba mucho tiempo acumulando violencia y no podía más. Y ahí sabía que iba a ganar. Pero insisto, no todas las agresiones se pueden enfrentar.  Cuando sucede una agresión, el miedo te paraliza. Estás sola con tu chica y hay siete hombres alrededor. Y, como consecuencia, cuando luego vas a un sitio donde crees que puedes vivir algún peligro, intentas no darle la mano, no la besas y te autocensuras.  También es cierto que con los años me estoy autocensurado más. Al final, soy una figura pública y te agotas de estar todo el rato denunciando lo que te está pasando porque te van a venir olas de señores a insultar cuando lo publiques.  En este momento necesito coger fuerzas y coger aire para seleccionar cuáles van a ser mis batallas, porque si no te vuelves loca. 
Supongo que debe ser complicado tomar la decisión de priorizarte y descansar por un momento de la batalla o el activismo. 
Por eso creo que el activismo no se elige porque no puedo evitar ser como soy. Si mañana nos vuelven a quitar el escenario del Orgullo, seré la primera en estar en la mani. Pero si me estás machacando, me cuesta pasármelo bien en la txosna de Bilbao.  Lo que peor llevo es que me está afectando a nivel personal. Se supone que mi trabajo también es mi hobby, y se está convirtiendo en una jaula de cristal porque no sé lo que me voy a encontrar cuando salgo al escenario. Entiendo que no haya más activistas, porque poner el cuerpo requiere muchas cosas y conlleva peligro.  No puedo matar a mi parte activista porque forma parte de como soy, pero sí puedo acabar con mi parte más lúdica. Me estoy haciendo más mayor, y cada vez estás más precarizado, tienes más preocupaciones, no sabes de qué vas a vivir. Yo no vivo de la música, yo malivivo de la música. Te enfrentas a tomas de decisiones, porque quizá tengo que ser una artista más blanquito si quiero que me contraten en más sitios, pero no soy esa persona.  Tengo la mitad de los bolos que el año pasado porque en la mitad de municipios está PP y Vox. No hay Orgullos y, por lo tanto, no hay conciertos.  Creo realmente que la gente no se da cuenta de qué ha votado. El colectivo nos vamos a quedar sin muchas cosas por las que hemos luchado. Nos atacan a lo lúdico, a lo divertido, a los festivales de cine o literatura. El fascismo ataca a la cultura porque es lo que define a un pueblo. 
En algunas entrevistas que concediste en verano, mencionaste que estabas considerando dejar la música, no solo debido a lo que sucedió en Murcia, cuando un policía interrumpió tu concierto después de que te quitaras la camiseta, sino también porque, como has comentado ahora, estás cansada de vivir precariamente de la música. ¿En qué punto estás ahora?
Estoy muy cansada. A ver quién va a todas las provincias y a todos los lugares. Yo voy donde puedo y no sé qué va a pasar. En Murcia sabía que lo iba a pasar mal, pero intento ir a sitios donde no llega el activismo. Pero después de tanto tiempo y de tantos sitios, cuando continúas viendo que las cosas no cambian, te disgustas. Para eso mejor me quedo en mi casa, con cinco conciertos y un trabajo a media jornada, pero es algo que no me gustaría hacer. A ver quién lo aguanta con 33 años. Entre que no te dan la oportunidad, tienes miedo porque eres autónoma y hay otros músicos que dependen de ti. 
En este sentido, ¿qué diferencias sientes con tus compañeros hombres? 
La música es un ambiente masculino. No hay ninguna persona trans española tocando en ningún festival. Hay muchos artistas trans y no binarias que son maravillosos y no tocan en ningún sitio porque nadie les da la oportunidad. Se debería contratar por la música y no por la imagen, pero aquí no va así.  A mí me llaman muchas veces porque soy una persona conflictiva, pero estoy cansada. Yo soy artista. Estoy cansada de que me digan “ah, tú eres la de las tetas”. Antes de ser la de las tetas he hecho tres películas, cuatro discos, tengo dos programas en la radio y estoy escribiendo un libro.
¿Cómo se relacionan tus canciones con tu realidad?
Mis canciones son de llorar bailando. El disco nuevo se llama Autoboicot y descanso. Por un lado, hay una parte de pelearte contigo misma, con un sistema que te dice que no eres suficientemente buena y contra tu síndrome de la impostora. Por otro lado, hay canciones un poco de rendición, que está relacionado con seleccionar las batallas que comentaba. Voy a rendirme, voy a coger fuerzas, porque, si no lo hago, no voy a poder pelear en la siguiente.  Ahora vengo de una gira que ha sido muy complicada, con mucho odio y mucha violencia. Hay un aguante mental, pero no se puede ser foco de violencia o un saco de boxeo constante. Al final, tengo mi vida mientras hay gente que te está insultando y luchando contra lo mismo que luchamos nosotras: la precariedad, el derecho a la vivienda y miles de cosas que es lo que nos debería mantener unidos. Y estás con una lucha contra el sistema y contra el hombre que te está atacando.  Mis canciones hablan sobre este sistema, sobre la autocensura, sobre el sufrimiento, pero creo que lo hace con una forma lúdica.  De hecho, el colectivo tiene una característica de la que me siento muy orgullosa: el dolor lo transitamos desde el baile. Por eso a veces no nos toman en serio y dicen que el Orgullo no es una manifestación. Es una manifestación, pero no la hacemos de la manera que el patriarcado nos dice, sino cómo nos gusta reivindicar.  Para mí, la pista de baile es 100% política. Esto tiene sus aspectos positivos y sus aspectos negativos. Hay gente que dice que mis canciones son un poco moñas, pero si analizas la canción desde una perspectiva LGTBI+, ves que es una artista que está hablando de su novia o de su-lo-que-sea femenino, y eso no lo ves en otras artistas. Ahí estás haciendo política.  Sabiendo que mis canciones hablan en femenino y se refieren a otra persona en femenino estoy haciendo política. Y también estoy anulando a la mitad de la población que piensa que solo hago canciones para lesbianas. Es así de triste. 
¿Cuál crees que debería ser la relación entre el feminismo y el colectivo LGTBI+?
Inclusiva al 100%. Un feminismo exclusivo no es mi feminismo. El feminismo debe incluir a todos los tipos de personas y como quieran ser. Dentro del feminismo hay mucha violencia y muchas feministas violentas. Además, tienen el mismo discurso patriarcal pero con las personas trans. He roto relaciones con muchas compañeras por tener esta forma de pensar.  El feminismo es un movimiento social que aboga por la libertad de las personas y de los derechos humanos. Si quieren dejar a gente fuera, que busquen otra palabra. 
Tus canciones hablando en femenino han podido ser referentes y una puerta de identificación para muchas chicas. ¿Qué papel crees que tienen los referentes? 
Creo que nuestras referentes son las abuelas. ¿Qué hacían las mujeres cuando los hombres se iban a luchar? Lo hacían todo: trabajaban en las minas, en las fábricas, en las casas. Ellas son nuestras referentes, las abuelas y las bisabuelas que han levantado un país para que estemos aquí.  Muchas de ellas vivieron en la clandestinidad y había bares donde entraban las lesbianas y, cuando aparecía la policía, simulaban que eran amigas. Nuestras referentes son las que han hecho de Orlando, de Virginia Woolf, su vida.  Hemos valorado más un discurso que levantar familias y generaciones enteras. En Drag Race, todos los maricones dan las gracias a sus abuelas. Son ellas las que han hecho que se mueva el planeta, han explotado recursos naturales, han hecho que nosotros no tengamos frío y que el soldado de turno tampoco tenga frío. Todas estas mujeres son mis referentes, no las estatuas con espadas que ponen en todas las ciudades. 
¿Qué le dirías a alguien que está pensando en visibilizarse, pero aún no lo ha decidido del todo?
Aquí estamos, se lo va a pasar genial. Nos podemos centrar en todo lo malo que nos pasa, pero también en lo bueno. Somos un colectivo maravilloso con gente maravillosa. Nuestra forma de amar es mágica, nuestra forma de relacionarnos, de querernos, de crear comunidad, de entendernos, de cuidarnos brilla en la naturaleza. Mola ser diferente. Diferente es lo contrario de lo normal. Y normal es un programa de mi lavadora. Creo que ser rara y una abyecta es lo más bonito que te puede pasar. 
En la gala de los Premios Plumas y Látigos también se entrega un Látigo, que es para aquella persona, organización u obra que más haya contribuido al detrimento de los derechos del colectivo. ¿Quién crees que se lo merece este año?
Almeida, por quitarnos la bandera del Ayuntamiento de Madrid.