“Lo personal es político, y a través del humor se llega muchísimo”

Pitu Aparicio es activista, educadora y creadora. Nos habla desde la experiencia, el activismo y el humor sobre sexualidad, placer y educación.

Para Pitu, lo personal es político: cada gesto, cada historia contada, cada taller impartido, se convierte en activismo diario. Reflexiona sobre cómo educar desde el amor y no desde el miedo, la importancia de la educación sexual integral, la diversidad en todas sus formas y cómo reconciliarse con el propio cuerpo puede ser un verdadero acto de resistencia.

 

Pitu, mucha gente te conoce por tu trabajo como activista, educadora y comunicadora durante muchos años. Y ahora has recibido un Premio Pluma. ¿Qué significa para ti?

Me ha llegado como un rayito de luz este reconocimiento. Un reconocimiento no solo al trabajo, sino también a la forma de hacer activismo, que eso es importante. Me llega en un momento que me llena el corazón de gratitud. Es el primer premio que me dan en la vida, y tengo muchas ganas de compartirlo con gente que es referente y que me gusta mucho cómo lo hace en el mundo.

 

¿Recuerdas el momento o el motivo que te llevó a involucrarte de lleno en el activismo LGTBI+?

Hay un momento, cuando escribo La bollera perfecta, en el que me doy cuenta de que lo personal es político, y de que a través del humor se llega muchísimo. Porque la antítesis del miedo es el humor. Una cosa que servía mucho a mis alumnas, cuando hablaba de mi homosexualidad, era la naturalidad. Y si había algo que llegaba, era cómo vivía yo los bollodramas. Me parecía que tener ese toque de humor ayudaba mucho, y ayudaba también a contar mi historia. Sin quererlo, estaba haciendo activismo; no era una militancia programada, pero poner el cuerpo, sin duda, es activismo diario. 

 

A menudo hablas de la importancia del placer, del cuerpo y del goce como parte del activismo. ¿Por qué crees que eso sigue siendo tan revolucionario e importante?

Cada día, en cada taller, en cualquier parte, sigo observando que la sexualidad se sigue abordando desde una mirada súper coitocentrista. Se sigue hablando de infecciones de transmisión sexual, pero falta hablar del placer sin miedo y sin culpa, y reivindicar el goce como una forma de resistencia. Nos han enseñado a sobrevivir, no a disfrutar. Y para mí, el activismo también pasa por reconciliarnos con nuestros cuerpos, que son lugar de goce y templo de placer.

 

Trabajas mucho con personas jóvenes y en centros educativos. ¿Qué te encuentras hoy cuando hablas de diversidad sexual y de género en las aulas?

Suelo encontrar mucha curiosidad y apertura. La curiosidad son esas ganas de aprender, y las generaciones jóvenes vienen con esas ganas de aprender, de preguntar, con curiosidad y también con el deseo de entender otras realidades sin miedo a ser juzgadas. Estamos teniendo generaciones del ‘escuchamos pero no juzgamos’, y eso se traduce en usar un lenguaje que no impugna nada: que parte del querer preguntar. Todas la cagamos alguna vez; lo importante es preguntar, darle una vuelta y ver cómo podemos educar con amor. Esa es la pedagogía que me gusta

 

En este sentido, ¿cuáles crees que son los retos de los espacios educativos? 

Para mí, falta tiempo. Hemos llegado a ofrecer talleres gratis, pero nos han dicho que no porque faltaba tiempo en el currículum. La educación sexual integral debería ser obligatoria, porque estamos coartando el acceso de algunas criaturas a ese conocimiento. Si tu padre, tu madre o quien sea decide que no puedes acceder a esa educación porque piensa que es adoctrinamiento, te está ofreciendo un acceso limitado a tu cuerpo, a tu placer y a tu libertad. Falta tiempo y falta responsabilidad con la educación sexual.

 

Las redes sociales son una herramienta poderosa, pero también un espacio hostil. ¿Cómo gestionas el odio digital?

Lo gestiono con terapia, con humor y con amigas. Creo que el reto es educar en el amor y no en el miedo, y eso es lo que intento cuando pasa. Intento no contestar con la misma moneda; trato de entender desde dónde habla esa persona, de ayudar a su miedo. No me quedo mucho enganchada a ese ruido. Intento priorizar el cuidado y retirarme si veo que me está afectando. Quiero que las redes sean un lugar de comunidad y de alegría, como mis talleres. Me hice las redes para que mis chavales pudieran escribirme, así que no voy a hacer lo mismo que me hacen.

¿Crees que el activismo se ha transformado con las redes sociales? ¿Cómo se ha transformado tu activismo en este tiempo?

Antes podía ser una cuestión de poner el cuerpo y contar mi historia todo el rato. Ahora tengo más cuidado con lo que cuento, para no exponerme tanto. Intento estar volcada en lo que sale: me llaman las familias para dar talleres y lo priorizo. Sigo haciendo muchas cosas gratis. Lo llamamos activismo, pero en realidad es un voluntariado que no nos paga el alquiler y que a veces se nos va de las manos. Tenemos que empezar a poner límites a eso. Creo que mi activismo ha cambiado en función de la terapia que haya hecho. Antes lo vivía con una finalidad más clara, pero ahora el simple hecho de estar en un aula, con media cabeza rapada y escuchando a Tribade, ya es activismo.

 

A nivel general, ¿cuáles crees que son los retos del colectivo LGTBI+?

El otro día, mis criaturas, chiquis trans y familias trans, me decían que faltaba amplitud de margen, que había mucha polaridad. Que no se trata solo de personas cis y personas trans, y me parece muy interesante para la gente que no tiene ese acceso. Me apetece que hablemos también de raza, de vejez, de diversidad funcional. ¿Qué pasa, que solo hay que hablar de menopausia a partir de los 50? Pues estamos llegando tarde. Para mí, el error es dar talleres solo a grupos concretos; si en lugar de segmentar lo hiciéramos desde que somos chiquis, seríamos personas más libres y con mejor calidad de vida.

 

Por último, este es el portal de Referentes. ¿Qué referentes has tenido? ¿Quiénes son tus referentes?

Creo que mis referentes han sido esas personas anónimas que me han cuidado desde chiqui, que me han dado las alas. Mi madre sería el referente, sin duda. Creo que las que abren camino y paso sin saberlo son fundamentales, y también me inspiran mis propias amigas. Tengo amigas artistas, compañeras de activismo, exnovias… María Ruiz, Eva Sierra, Mar Jiménez, Noemí Casquet, Bruno León… Tengo la suerte de que mis amigas sean personas a las que admiro. Mis amigas son inspiración, y puedo aprender de ellas en lo cotidiano, que es donde se forja la unidad.