Las personas con discapacidad también podemos ser LGTBI+, tenemos sentimientos y experimentamos deseo

Óscar Hernández-Campano (Donostia, 1976) recibió en 2022 el Premio Pluma por su activismo y visibilidad por los derechos de las personas con discapacidad y del colectivo LGTBI+. Es el autor de El viaje de Marcos, una novela que marcó a una generación de lectores LGTBI+ y de la cual recientemente se ha publicado la segunda parte, Cincuenta años no son nada.

Eres referente en el mundo del activismo LGTBI+, ¿qué te impulsó a iniciarte en el activismo y la lucha de nuestros derechos?

Como en cualquier otra lucha en la que he participado, como la de las personas con discapacidad, es una lucha contra las injusticias. Cuando me encuentro con un conjunto de circunstancias que me parecen injustas y anómalas, en una democracia plena y en un estado de derecho, me motiva a aportar mi granito de arena para intentar eliminar esa injusticia.

¿Qué ha cambiado desde que os iniciasteis en el activismo hasta el día de hoy?

En la lucha de los derechos de las personas LGTBI+ se ha avanzado respecto a la consecución de derechos y la visibilidad del colectivo. Ha habido avances muy importantes dentro del estado español, que se ha convertido en un país referente en la consecución de estos derechos, llegándose a convertir en un refugio para personas LGTBI+ que se ven obligadas a escapar de sus países. Estamos hablando de la persecución del ser por ser.

Pero es cierto que hemos tenido que asistir a discursos de odio y a un aumento de agresiones físicas y verbales hacia el colectivo LGTBI+ y que se han llevado al extremo, como el asesinato de Samuel Luiz. El colectivo trans también está muy machacado. Y los discursos de odio dentro del ámbito político y de los medios de comunicación han alimentado una LGTBIfobia que estaba diluyéndose. Y aquí tenemos un nuevo capítulo en esta batalla. 

Tu libro el Viaje de Marcos ha marcado a parte de una generación del colectivo. ¿Cómo muestras a los personajes LGTBI+ en tus obras? 

Procuro que mis personajes sean totalmente humanos, transparentes y cuadrimensionales porque tienen su propia historia, su entidad y sus vivencias. El objetivo es que sean creíbles y también que transmitan a los lectores y lectoras las emociones que intento plasmar. 

¿Qué evolución ha habido?

Sí que ha cambiado la manera de mostrar las relaciones afectivas y sexuales entre los personajes. En El viaje de Marcos se mostraba de una manera muy ochentera, con elipsis y ocultando cualquier detalle que pudiera parecer excesivo. 

La secuela del libro, Cincuenta años no son nada, es más explícita, evidente, transparente y honesta. Sí que mantiene la dulzura y el romanticismo, pero no he obviado los momentos más íntimos porque son parte de la vida de todas las personas y es importante que se vea. La visibilidad es la única herramienta que tenemos los colectivos para que el resto de la sociedad nos conozca, empatice, nos comprenda y nos respete. 

¿Qué papel crees que tienen los referentes? 

Los referentes desempeñan un papel trascendental, especialmente en una sociedad audiovisual. Yo mismo necesité de esos modelos a seguir, los busqué incansablemente, pero no los encontraba hasta que algunos actores o presentadores comenzaron a mostrar su homosexualidad en la televisión, ya sea en la ficción o en la realidad. El hecho de verse reflejado en otro ser humano es lo que ayudó a romper la soledad que acarrea el hecho de ser consciente que eres diferente al resto. 

Esa soledad, al menos en mi generación, ha sido una carga que hemos llevado sobre nuestros hombros. Se rompe gracias a los referentes, ya sea en la televisión, la ficción o la literatura. Por eso es tan importante que exista una presencia constante y que se ofrezca en todo tipo de librerías y centros educativos literatura que contenga tramas, personajes y realidades LGTBI+. No se trata de adoctrinar, sino de mostrar la variedad, la diversidad y la realidad de este mundo.

¿Qué referentes LGTBI+ has tenido?

Mi referente y ejemplo, que me ayudó a salir del armario y a mostrarme públicamente como gay, fue el presentador Jesús Vázquez. En la ficción, también me ayudó el personaje de Santi en la serie Al salir de clase. Esto ocurrió a finales de los años 90 y principios de los 2000, y fueron modelos a seguir que no solo me sirvieron a mí, sino también a las personas que me rodeaban para constatar que ser homosexual no era algo sórdido, oscuro y siniestro, sino simplemente una característica más de una persona. 

¿Cuáles crees que son los principales retos a los que se enfrenta el colectivo a día de hoy?

La violencia, ya sea verbal o física, se ha vuelto cada vez más descarada y menos vergonzosa por parte de personas LGTBIfóbicas. Estamos presenciando ataques verbales a plena luz del día. Y estos ataques están acompañados de una arrogancia y prepotencia que obtienen de los discursos que aparecen en los medios de comunicación. Así pues, el reto para mí es eliminar los discursos de odio y que desaparezcan por completo.

Al ser LGTBI+ visible, ¿has sido víctima de la LGTBIfobia en alguna ocasión? ¿Cómo sobrellevaste la situación?

Afortunadamente, nunca he vivido una situación así, y espero no tener que enfrentarla en ningún momento. ¿Estoy preparado? Podría decir que sí, pero nadie está preparado para ser insultado, agredido o humillado simplemente por ser quien es. 

Eres una persona LGTBI+ con discapacidad. ¿Cómo ha influido en tu obra? ¿Has sufrido algún episodio de discriminación relacionado con estas interseccionalidades?

La discapacidad es otra faceta de mi persona. Es simplemente una parte más de quién soy. Claro está que conlleva ciertos desafíos y percepciones en la sociedad, especialmente en lo que respecta a barreras arquitectónicas, físicas y mentales que muchas personas tienen cuando interactúan con alguien que tiene una discapacidad.

Además, en el colectivo gay, el culto al cuerpo y los cánones normativos de belleza están muy arraigados. Esto provoca que una persona que se desplaza en silla de ruedas es obviada, invisible. Escribí un artículo hablando de la necesidad de reconocer a las personas con discapacidad como personas que también somos LGTBI+, que también tenemos sentimientos y experimentamos deseo. Esto exige un esfuerzo de acercamiento para descubrir las personas que somos. Si bien la sociedad ha avanzado en términos de accesibilidad, todavía queda mucho trabajo por hacer. La discriminación y los problemas de accesibilidad persisten.

¿Cómo ha influido en tu obra?

El tema LGTBI+ ha sido recurrente en muchas de mis obras, con protagonistas gais y, más recientemente, con otros miembros del colectivo. En lo que respecta a la discapacidad, ha tenido menos presencia, quizás porque no sabía cómo abordarlo, pero he tratado que aparezca también.

Siempre he querido que esta realidad y faceta de mi vida tengan su espacio en mi literatura. Pretendo que mi literatura, además de proporcionar distracción y emociones, sea una fuente de reflexión y plantee preguntas a quienes me leen y que conozcan otras realidades.

¿Qué le dirías a alguien que está pensando en visibilizarse, pero aún no lo ha decidido del todo?

Cada persona tiene su propio entorno y ritmo. Pero esperar desespera. Obviamente, cada uno conoce su entorno y las circunstancias que lo rodean. Pero en mi caso particular, supuso una decepción, porque no se cumplieron todos los males que había imaginado. Si lo hubiera sabido, lo habría hecho antes. La falta de visibilidad significa vivir una mentira, ocultándose detrás de una máscara, y es mucho mejor vivir plenamente y sin restricciones.

En la gala de los Premios Plumas y Látigos también se entrega un Látigo,  para aquella persona, organización u obra que más haya contribuido al detrimento de los derechos del colectivo. ¿Quién crees que lo va a recibir este año?

Desde luego, Vox se lo merece. Debería ser un premio a perpetuidad. Cada año podríamos otorgar el premio Látigo Vox y luego otro para repartir. Este partido político está fomentando una situación insostenible que está causando mucho daño al colectivo. Los valores que defienden y que ya estamos viendo en diferentes localidades, como la retirada de libros, la prohibición de películas y la censura, hacen que merezcan este reconocimiento más que nadie.