“El orgullo transforma. Transforma vidas porque las salva, transforma la sociedad porque la hace más respetuosa y más igualitaria, transforma la educación porque hace que la infancia descubra la sociedad diversa”

Paula Iglesias es médica, psicóloga, lesbiana, activista y feminista. Llegó al grupo joven de Lambda Valencia con 18 años para conocer a gente del colectivo y ayudar a otras personas que se pudieran sentir solas. Actualmente, es vicepresidenta de la Federación Estatal LGTBI+.

 

No hay una única vida ni se puede generalizar, pero ¿con qué retos se encuentra una chica joven lesbiana en su día a día en España? 

En la actualidad, creo que el problema que tenemos es que nos encontramos con los mismos retos desde hace muchos años. En 2008, la Federación Estatal LGTBI+ dedicó un año temático a la visibilidad lésbica, y en ese momento las reivindicaciones de las mujeres lesbianas empezaron a recibir atención social y mediática. Pero la sensación es que, 16 años después, parece que seguimos en la misma situación. Uno de los principales problemas es la invisibilidad, consecuencia de una doble discriminación: por ser mujeres y por nuestra orientación sexual. La invisibilidad y la presunción de la cisheterosexualidad es un gran reto en muchos niveles. 

En el ámbito sanitario, la presunción de cisheterosexualidad lleva a que muchas mujeres lesbianas no acudan a revisiones ginecológicas, lo cual repercute negativamente en su salud sexual. Además, aquellas que sí acuden se encuentran con mensajes estereotipados y mucha desinformación, como pensar que no necesitan protección en sus relaciones sexuales con otras mujeres, lo que también afecta su salud sexual.

A nivel social, lo acabamos de ver hace un mes: nos siguen asesinando por ser mujeres lesbianas. Nos enfrentamos a violencia por nuestra orientación sexual, cosificación e hipersexualización, especialmente por parte de hombres cisheterosexuales, quienes se sienten con derecho a agredirnos verbal, física y sexualmente.

 

¿Cómo empezaste a visibilizarse como mujer lesbiana? ¿Qué reacciones hubo a tu alrededor? 

No me gusta la idea de «salir del armario» porque pone el foco y la responsabilidad en la persona que tiene que hacerlo, en lugar de en la sociedad que construye ese armario. Prefiero el término «hacerse visible» porque creo que resalta la necesidad de contextos amables para ser visibles. No todo el mundo tiene un entorno favorable para hacerse visible, y eso no es responsabilidad de la persona.

A menudo, cargamos a las personas con la responsabilidad de hacerse visibles y ser referentes, sin entender que no todos tienen contextos amables para hacerlo. La supervivencia personal es lo más importante. En mi caso, estaba en un entorno educativo muy religioso que no me permitía ser visible hasta que llegué a la universidad. Afortunadamente, tenía un entorno familiar muy respetuoso donde pude ser visible desde los 12 años. Pasamos muchas horas en el entorno educativo, y genera mucho sufrimiento ser consciente de que no puedes ser visible y saber que tu entorno asume que eres una persona que no eres.

Durante esos años en los que no podía expresarme, poder venir a casa y hacerlo me ayudó a continuar. Saber que eventualmente llegaría a la etapa universitaria, donde podría ser visible sin restricciones, me dio la fuerza para seguir adelante.

 

¿Cómo pasas de esta primera visibilización a entrar en el activismo?

En mi caso, fue cuando terminé el bachillerato y entré en la universidad cuando pude ser visible, gracias a un entorno familiar muy respetuoso y a un grupo de amigos donde me sentía aceptada. Sin embargo, provenía de un entorno donde no conocía a nadie del colectivo, así que acudí al Lambda, al grupo joven, principalmente para conocer a gente como yo. 

Sentía también la necesidad de ayudar a otros a no sentirse tan solos. Aunque no sufrí bullying o discriminación porque no era visible, me sentía muy sola. Por una parte, quería conocer a gente como yo y paliar esa soledad al identificarme con el colectivo. Por otra parte, quería hacer algo para que gente en mi misma situación no se sintiera tan sola durante su etapa educativa.

Así fue como me uní al grupo joven, y he continuado con mi activismo hasta el día de hoy.

 

Tu entidad de base es Lambda València, entidad que se ha posicionado firmemente contra los Gay Games València en 2026. ¿Cuál es la situación actual?

El problema con los Gay Games y la situación con el Orgullo en Valencia es que no es una situación aislada; también está sucediendo en otros territorios del Estado. Es un intento de ciertos sectores políticos de apropiarse de las herramientas del colectivo. Los partidos políticos y otros actores sociales y políticos están para acompañar al colectivo, para darles herramientas y ofrecer más visibilidad a sus reivindicaciones, para ayudar a crear normativas dentro de sus competencias que aseguren los derechos del colectivo, pero en ningún caso para usurpar la lucha, como es el caso del Orgullo. Cuando eso ocurre, como ha sido el caso de Valencia, no se puede permitir. Ni el Orgullo, ni el colectivo, ni el movimiento pueden ser usados como instrumentos políticos en ningún caso, y menos aún para hacer pinkwashing.

La situación actual es que se está utilizando el Orgullo mientras se recortan derechos, y eso no está bien. Lo que se debe hacer es generar políticas LGTBI+ que acompañen al colectivo en sus reivindicaciones, sabiendo que como persona aliada puedes estar en un segundo plano, acompañando.

 

Justo estamos en junio, mes del Orgullo. ¿Qué significa para ti a nivel personal? ¿Cómo lo vives?

Para mí, he vivido el orgullo como una explosión de diversidad desde la alegría. Porque, aunque el orgullo no deja de ser una reivindicación y una lucha, nos pasamos el año lanzando reivindicaciones quizás más desde la lucha, y junio es la reivindicación desde la alegría, desde la oportunidad que tenemos en la sociedad en la que vivimos de poder hacerlo, ya que hay otros países en los que no se pueden permitir ni siquiera salir con una bandera.

Entonces, sí que me da mucha rabia cuando hay determinados sectores que se empeñan en quitarle importancia al Orgullo por la parte festiva o por la parte de celebración. Al final, la imagen que queremos mostrar es que no tenemos por qué vivir nuestras identidades desde el sufrimiento. Sí, desde la lucha, pero también desde la alegría. Poder experimentar y ser una persona con una orientación o identidad diversa también genera alegría y diversidad en el mundo. Al final, eso lo hace más rico.

 

El lema del Orgullo de este año es “Educación, derechos y paz: Orgullo que transforma”. ¿Qué puede transformar el Orgullo?

Creo que el orgullo lo transforma todo. Transforma vidas porque las salva, transforma la sociedad porque la hace más respetuosa y más igualitaria, transforma la educación porque hace que los, las y les peques descubran que la sociedad es diversa, que pueden experimentar y ser como quieran, y transforma el mundo en un lugar mejor.

 

Hace unos días entrevistábamos a David Armenteros, coordinador de educación de FELGTBI+, sobre el poder de la educación para transformar. Estando en el año temático de educación y teniendo en cuenta que el lema del Orgullo también hace referencia a la educación, ¿cuáles crees que son los retos en este ámbito? 

La educación es la clave fundamental para la transformación social. Al final, los, las y les peques nacen sin estigmas; son como un folio en blanco en el que las personas adultas vamos poniendo nuestros prejuicios y mochilas, y se las vamos colocando en sus hombros. Transmitirles desde pequeños que la sociedad es diversa, que cabemos todos, que hay que respetar no solo la diversidad sexual y de género, sino también la diversidad de cuerpos, de razas, de culturas, es el primer paso para crear una sociedad más respetuosa y más igualitaria.

Respecto a peques que forman parte del colectivo, esto les hace transitar por la etapa educativa de una forma más amable y más libre. También, con respecto a los retos que enfrentan tanto las familias como el colectivo en el ámbito educativo, creo que todavía falta mucha formación del profesorado, pero no solo eso, también de toda la comunidad educativa. Se habla solo del profesorado, pero la comunidad LGTBI+ también tiene contacto con la persona que abre la verja en el colegio o la persona que les sirve la comida. Hay que formar a toda la comunidad educativa en la diversidad de personas que se van a encontrar, tanto en el alumnado como en las familias. Eso implica también, a nivel de formularios, que estén contempladas todas las familias.

A nivel formativo, creo que es importante señalar que los contenidos LGTBI+ no forman parte de una asignatura concreta de igualdad o diversidad. No tienen que formar parte exclusivamente de una hora de tutoría para hablar de diversidad. Es un contenido transversal que se puede aplicar desde cualquier asignatura. Por ejemplo, se puede plantear un problema de matemáticas que hable de «Las mamás de Pepito le dan dos manzanas y luego tres, ¿cuántas manzanas tiene Pepito al final?» y así estás incluyendo a las familias diversas en la clase de matemáticas.

 

Pero tú vienes del ámbito de la sanidad, ¿cuál crees que es la situación en los centros sanitarios respecto al colectivo LGTBI+?

Yo tengo formación en medicina y psicología. No ejerzo la medicina y me licencié hace 10 años, y no sé si ha cambiado, pero cuando yo estudiaba, no había ninguna referencia a que una persona del colectivo LGTBI+ pudiera ir a consulta. Esto quiere decir que, por ejemplo, en las clases de ginecología o urología no se mencionaba que podrías tener como paciente a una persona trans. La presunción de cisheterosexualidad era total, y eso hace que la atención sanitaria tenga muchos déficits. No digo que sea consciente, pero sí por falta de formación, puedes caer en un montón de estereotipos y prejuicios que hacen que los pacientes dejen de acudir, con los riesgos que eso tiene en su salud.

En cuanto al ámbito de la psicología, sí que se habla más de temas de diversidad y el colectivo está más presente, pero hay una rama muy peligrosa, que es el tema de las terapias de conversión. Afortunadamente, ya no forman parte de la legalidad de este país, pero hay muchos países en los que sí, y donde supuestos profesionales de la psicología, porque no creo que nadie con buena formación en psicología pueda creer que sea necesario reconducir la identidad o la orientación de nadie, aprovechan la vulnerabilidad de una persona que puede estar en un ambiente menos amable y más hostil y que cree que la respuesta al cese de su discriminación o sufrimiento sea “volverse heterosexual» y se aprovechan de eso.

Sí que la psicología, en ese sentido, ha avanzado, en la mayoría de los casos, hacia una psicología más positiva y afirmativa LGTBI+. Hay muchos profesionales que hacen un acompañamiento a estas personas que viven su orientación o identidad en ambientes más hostiles y que les pueden apoyar, pero hay una rama mucho más peligrosa que se debe condenar, que son las supuestas terapias de conversión.

 

En mayo, en el portal de Referentes hablábamos con Luisa Notario, nos contaba su experiencia de que en ginecología daban por supuesta su heterosexualidad. Pero más allá de esto, contaba que ella había crecido pensando que era la única lesbiana en el mundo porque no había tenido referentes de adolescente. ¿Por qué es importante, para ti, ser visible?

A mí esto también me sucedió, y soy más joven que Luisa. Por eso decía que las mujeres lesbianas somos las que menos hemos avanzado en el tema de la visibilidad, porque tenemos muy pocos referentes. En los últimos 15 años, ha habido pocos avances en este sentido. 

Si me pongo a pensar en mis referentes, son personas que he conocido dentro del activismo, no referentes públicos como pueden tener los hombres gais, que mediáticamente tienen muchos nombres. En el caso de las mujeres lesbianas, cada vez hay más, pero siento que siguen siendo muy pocas. O forman parte de la ficción, cuando Maca y Esther [de Hospital Central], o forman parte de tu entorno activista, aunque cada vez hay más.

Para mí es muy importante tener referentes a nivel mediático, porque los primeros contactos que tienes con el colectivo suelen ser en internet y a través de contenidos de ficción. La primera vez que puedes ver una relación de amor, afecto o sexual no es porque la veas en tu clase o en el colegio, es porque la ves en un libro o en una serie. Reconocerte en todo eso es fundamental. Cuando ves una ficción y todo el mundo es cishetero, te preguntas: «Jolín, si no están representados ni en la tele, ¿qué pasa que no existen en el mundo?» La ventana al mundo es la televisión, y si no están ahí, no me lo voy a encontrar. El poder ver reflejado lo que estás sintiendo da más seguridad para luego enfrentarte al mundo de manera visible. Y poder ver que, si vives en un ambiente más hostil, llegará un punto en que podrás ser tú misma y verás gente que vive de forma feliz y abierta.

 

¿Cuáles crees que son los mayores desafíos que enfrentan las mujeres lesbianas?

Creo que hacia una mayor visibilidad y la erradicación, si es posible, de la lesbofobia y el machismo, no solo socialmente, sino también dentro del propio colectivo. Al final, el colectivo LGTBI+ no deja de ser una representación de la sociedad, ya que hemos sido educadas en este sistema, y dentro del colectivo siguen habiendo actitudes machistas y lesbófobas. Además, es importante trabajar hacia una no presunción de la cisheterosexualidad, que nos reconozca como mujeres lesbianas y que eso implique que se nos tenga en cuenta a nivel de protocolos sanitarios, reconocimiento de nuestras identidades y de nuestras familias dentro de contextos educativos, la movilidad de nuestras familias sin restricciones y con seguridad, y la lucha contra la violencia que sufrimos por ser mujeres y por tener relaciones con mujeres a nivel social y sexual.

También existe una relación entre el capitalismo y las violencias que sufrimos como mujeres lesbianas.

 

Ahora que ya hemos identificado los retos, ¿cómo podemos hacer frente a ellos? 

Creo que la principal clave es la educación y la toma de conciencia social. Actualmente, como ya hemos conseguido una serie de logros legislativos, hay una sensación social de que ya no nos queda nada por conseguir y que ya no sufrimos una serie de discriminaciones diarias. Por eso, creo que ahora es hora de visibilizar aún más la discriminación diaria que sufrimos, porque el no reconocimiento de nuestra identidad y la presunción de cisheterosexualidad es una violencia en nuestro día a día.

 

Por un lado, ¿quiénes fueron -o son- tus referentes LGTBI+? ¿Qué importancia tuvieron para ti?

Yo llegué al activismo sin referentes. No conocía a nadie que formara parte del colectivo, y los pocos referentes que tenía, dos o tres, eran personajes de ficción. Para mí, mis referentes se convirtieron en ese momento en referentes dentro del activismo. Luego, compañeras, pero que en ese momento, en mis primeros años, eran maestras, como Luisa Notario, Mariana Ureña, Boti García, Uge Sangil… A ellas, que ahora puedo considerar compañeras de lucha, les debo tanto… Me enseñaron a vivir mi lesbianismo con la cabeza bien alta.

 

Y por último, ¿qué le dirías a una persona adolescente o preadolescente LGTBI+ que quizá está descubriendo quién es?

Lo primero que le diría es que no está sola. Aunque no conozca a nadie en su círculo, somos muchas, visibles o no, que formamos parte del colectivo. Hay muchas mujeres lesbianas en el mundo, y no debe preocuparse, porque en algún momento las encontrará. Si está en un entorno que ahora mismo no es amable, todo esto pasará y formará su familia elegida, donde habrá otras mujeres lesbianas que la acompañarán en el camino.

Le diría que no tenga prisa, que el camino de descubrimiento también es muy bonito, no solo en términos de identidad u orientación, sino también en el camino del activismo asociativo y diario. A veces puede parecer que si no formas parte de una entidad no estás siendo activista, pero caminar por la calle de la mano de tu pareja es activismo, ir a recoger a tu peque con tu mujer también es activismo y es ser un referente para quien te ve. Ese camino también es muy bonito.

Así que le diría que no tenga prisa, que se descubra sabiendo que no está sola, que si lo necesita, acuda a las asociaciones que estamos para acompañar en el camino y que la vida siendo parte del colectivo también puede ser muy bonita.