«El activismo me dio una familia elegida y me sirvió de protección porque llegaba de otro continente»

Alejandro Alder, es licenciado en Derecho en Colombia y se trasladó a España en 2004 para realizar un doctorado en Derechos Humanos en la Universidad de Salamanca, pero encontró un inesperado vínculo con la psicología en el transcurso de su investigación. Movido por esta conexión, optó por regresar a las aulas y especializarse en psicología afirmativa LGTBI+.

Inmerso en el activismo académico, ha desempeñado diferentes roles en varias entidades. Participó en Iguales de Salamanca, asumió la presidencia de Bolo Bolo, y todavía mantiene una estrecha relación con la Federación Estatal LGTBI+, donde ha sido secretario de organización y coordinador del área internacional. En la actualidad, forma parte del Consejo Consultivo.

A grandes rasgos, ¿cuáles crees que son las diferencias del colectivo LGTBI+ entre España y Colombia?

Hace menos de 15 días viajé a mi país de origen y el contraste es evidente. En los países latinoamericanos no se ven a dos chicos o dos chicas de la mano. Colombia, por ejemplo, cuenta con el matrimonio igualitario, pero persiste la violencia hacia el colectivo LGTBI+. Lo mismo sucede en Argentina o en México. 

Pero también quiero decir que este verano estuve en Italia y viví una situación similar. Durante la semana y media que pasé allí, solo vimos a una pareja de chicas en Pisa y a otro grupo de chicos que, debido a su expresión de género, sospechamos que formaban parte del colectivo. 

En España hemos logrado crear una conciencia colectiva que permite a la sociedad entender la diversidad desde el respeto y la igualdad. No es necesario que nos comparemos con países de América Latina cuando podemos hacerlo con países vecinos de nuestra Europa Occidental. 

El movimiento LGTBI+ en España es un ejemplo a seguir, y es importante destacar que la Federación Estatal LGTBI+ ha liderado este proceso. Es una gran alegría ver que, aunque salí de la ejecutiva hace tiempo, la FELGTBI+ cuenta ahora con una oficina técnica sólida y una ejecutiva actual, encabezada por Uge Sangil, que ha afrontado todos los retos que se han presentado.

¿En Colombia también formabas parte de los movimientos sociales y activistas?

Sí que he formado parte de los movimientos sociales. Siempre he estado en el ámbito social y comprometido por el bienestar y la colectividad. No puedo estar de acuerdo con un sistema que considero distópico, ya que, al final, este sistema social devora a las personas y nos ha hecho mucho daño. 

¿Cuáles crees que son los mayores retos para el activismo LGTBI+?

Creo que uno de los mayores retos de los movimientos sociales es ser conscientes de la importancia de estar unidos y unidas. El que divide vence. Tenemos que ser conscientes que hay personas que viven en una inconsciencia y no valoran el respeto y la igualdad. Fuera existe una agresividad y por eso es importante que estemos unidas y unidos y entendamos que solo así nos puede ir mejor. Este es un reto del colectivo LGTBI+, pero también del resto de movimientos sociales. 

Si pudieras, ¿qué le dirías a estas personas que intentan dividirnos? 

El que no quiere ver, no verá, o no escuchará. Nadie puede convencer a otra persona si no está dispuesta a escuchar. Es necesario actuar a través del ejemplo más que a través de las palabras, desde el eje del respeto y el diálogo, mostrando cómo me comporto en lugar de simplemente decirlo. Pedro Zerolo decía, «en tu tipo de sociedad no cabemos nosotros, pero tú en la mía sí». Es uno de los grandes legados de mensajes de conciencia que ha dejado a este país. 

A tenor de la frase de Pedro Zerolo y como experto en psicología que eres, ¿cómo afecta esta discriminación a las personas que la sufrimos?

Todas las personas tenemos heridas emocionales que necesitan sanar, pero las personas LGTBI+ cargamos con una mochila llamada LGTBIfobia que puede afectar en mayor o menor medida. Además, la forma en que la vivimos impactará en nuestra salud mental y emocional. No significa que todas las personas LGTBI+ tengamos la salud mental afectada, pero la LGTBIfobia es una variable que expone a quienes la experimentan a mayor ansiedad, depresión, conductas autolíticas o trastornos grave como el trastorno límite de la personalidad (TLP), la bipolaridad o el trastorno por estrés postraumático (TEPT). Es una realidad que nos encontramos más expuestos a estas adversidades.

Además, se le puede sumar la variante de haber migrado por razones no escogidas y/o encontrarte lejos de tu familia. 

Todos los colectivos tienen sus mochilas, y, por supuesto, su impacto depende de las interacciones. En mi caso, experimenté una migración elegida para estudiar. A lo largo de mi proceso personal y terapéutico, me di cuenta de que detrás de mi elección de estudiar derechos humanos estaba la búsqueda de vivir mis propios derechos y mi vida en igualdad. 

Todas las variables afectan a todas las personas. Por ejemplo, una persona gitana que es gay o lesbiana tiene variables de etnia y orientación sexual que la expondrán a experiencias específicas. Si además vive con VIH, estas variables se suman. Todas estas «mochilas» tienen su origen en la ignorancia. Si las mentes se abrieran, si la gente se educara y hubiera una expansión de valores basados en el respeto, podríamos vivir en una sociedad diferente.

Para alcanzar la igualdad, es esencial el respeto. Si respetamos la expresión del ser y tomamos conciencia, podríamos vivir en un tipo de sociedad distinta. Aunque no podemos cambiar las instituciones, cada uno de nosotros puede elegir cómo responder a la situación. Si yo cambio, tal vez tú puedas ver algo que haga clic en ti y elijas cambiar. Cada pequeño cambio es una gota. Y una gota más una gota hace oleaje. Si no hacemos cambios, seguiremos viviendo lo mismo.

De esta ignorancia nacen los estigmas y prejuicios. ¿Con cuáles te has encontrado?

La única vez que me sentí discriminado fue debido a mis ideas políticas. Una vez en Salamanca fui criticado y se matizó que “menos mal que no todos los latinoamericanos eran como yo” y que había “latinos de bien”.  Para esa persona, yo no encajaba en esa categoría. En el resto de las situaciones, nunca he experimentado discriminación por ser migrante. Sin embargo, sí la he enfrentado por ser migrante y tener afinidades políticas de izquierda.

Estamos a las puertas del 2024, ¿por qué continúa siendo importante el activismo LGTBI+? 

El activismo fue un proceso sanador para mí y tuvo un impacto significativo en mi salud mental y emocional. El activismo me dio una familia elegida y me sirvió de protección porque llegaba de otro continente y con muchas heridas debido a mi identidad gay. El activismo me ayudó en mi proceso de sanación. Además, me tocó vivir la aprobación de la ley del matrimonio igualitario y fue un momento reparador. 

El activismo sirve para crear cambios sociales. De todos modos, creo que el activismo debe reflexionar sobre el motivo por el cual las personas se involucran en él. En mi experiencia y en lo que he observado, a menudo las personas llegan al activismo porque se sienten rotas. Es como una manera inconsciente de intentar reparar el daño que les han causado, ayudando a otros porque quizás no tienen la capacidad de ayudarse a sí mismos. Sin embargo, cuando empiezas a cuidarte a ti mismo, te das cuenta de que no puedes dar lo que no tienes. Así, al cuidarte a ti mismo, descubres que puedes contribuir de manera más efectiva. Ahora yo siento que estoy en la séptima línea del activismo y colaboro en lo que puedo. 

La Federación Estatal LGTBI+ acaba de celebrar #LaCenaQueElegí, una cena de Navidad para personas que prefieren no pasar las fiestas con sus familias. Ahora has mencionado la familia elegida, un término muy arraigado en el colectivo. ¿En qué te ayudó tu familia elegida?

Lo definiría en una palabra: amor. Lo que la Federación Estatal LGBTI+ y las personas que formaban parte de ella hicieron por mí fue brindarme amor, empatía, psicoeducación y formación. Han aportado mucho a la persona que soy hoy.  Estas personas continúan siendo mis grandes amigos y mis referentes. Puedo mencionar a cuatro de ellos: Beatriz Gimeno, ex presidenta; Antonio Poveda, ex presidente, con ambos fui secretario de organización; Silvia Jaén y Boti Gracia Rodrigo.

Estas cuatro personas se convirtieron en un ejemplo a seguir para ese joven veinteañero que acababa de llegar. No siempre estábamos de acuerdo, éramos de generaciones diferentes, pero me brindaron mucho amor y cariño infinito. Aunque no los vea con frecuencia, y aunque nuestros encuentros sean esporádicos, siento un amor infinito hacia ellos. También hubo otras personas de mi edad que estuvieron allí, pero estas cuatro, al ser mayores que yo, se convirtieron en figuras ejemplares, de quienes mucho aprendí, que crearon un espacio de hermandad.

 También estaba Arantxa Fernández, primera coordinadora bisexual y reciente Premio Pluma; Ana García, actual Presidenta de ALAS y Esperanza Montero, ex presidenta de COGAM.

Son personas que me han enseñado muchísimo y que les tengo muchísimo cariño. De Ignacio Paredero, el actual secretario de organización, he aprendido muchísimo. También de Uge Sangil, Mané Fernández y Paula Iglesias, la actual ejecutiva. 

La FELGTBI+ es como una gran familia. Evidentemente, llevamos muchos años y han pasado muchas personas, ¡y menos mal! Yo elegí esa familia y esa familia me eligió a mí. 

Por último, ¿qué le dirías al Alejandro adolescente o a cualquier persona que esté buscando una familia elegida o que están enfrentando unos desafíos parecidos a los que tú viviste?

A un adolescente le diría que hay que tener esperanza. Hay que moverse para buscar lo que queremos ser y la vida que queremos vivir y estar en paz. En esas edades todos tenemos heridas, pero al hacernos cargo de nosotros mismos las cosas mejoran. Todos nos merecemos lo mejor del mundo. 

A cualquier otra persona le diría que el camino hacia la plenitud está en su interior. Es necesario dirigirse hacia adentro, conectarse con la esencia que somos, con esa parte interior que guiará todas las facetas de la vida. Mantenerse en el centro es crucial. Utilizo el ejemplo del ojo de un huracán, donde a pesar de la tormenta exterior, en el centro siempre hay paz. La paz del yo se encuentra en el centro, donde todo está tranquilo, y dentro del huracán hay un arcoíris. Tenemos que estar en el centro para aprender a movernos desde fuera y para estar vinculados con la esencia de lo que somos.