«Cuando te muestras abiertamente, es activismo»

Ana y Gema se conocieron en la Comisión de Asuntos Religiosos de COGAM, tuvieron un flechazo y, años más tarde, se convirtieron en la primera pareja de mujeres en casarse en Castilla y León. Dos décadas después, siguen caminando juntas, con una historia marcada por la visibilidad y el activismo cotidiano. Han enfrentado prejuicios en el trabajo y durante mucho tiempo llevaron una fotocopia del libro de familia “por si acaso”. Aunque nunca buscaron ser referentes, han acabado siéndolo. 

También han sido una de las parejas protagonistas de la campaña Con Orgullo, sí quiero de la Federación Estatal LGTBI+.

 

¿Cómo os conocisteis?

Ana: Nos conocimos en COGAM, yo me acababa de separar y Gema iba a la reunión de la Comisión de Asuntos Religiosos. Tenemos un amigo en común que me dijo que había una chiquilla que me iba a gustar. Yo no tenía ganas de ligar con nadie, pero fuimos a la reunión y empezamos a hablar y surgió un flechazo. Y así nos enamoramos el primer día. 

Gema: Siempre diré que la culpa fue la luna y un poquito de bailoteo. 

 

Unos años más tarde decidisteis casaros. ¿Cómo fue esa conversación? ¿Fue más un acto de amor, de activismo o ambas cosas?

Gema: Nosotras llevábamos tres años de noviazgo cuando se aprobó el matrimonio igualitario. Antes escuchabas rumores, pero nunca sabías si se iba a producir. Sí que sabíamos que buscaríamos alguna figura jurídica para poder protegersnos la una a la otra. Imagínate la alegría cuando se aprobó, nos permitía pensar en un futuro y no tener que andar buscando otra figura de protección. 

Ana: Y yo me quedé de piedra. Yo nunca había pensado en poder casarme con una mujer. 

 

¿Qué reacciones encontrasteis en vuestro entorno cercano y en el pueblo de Encinillas?

Gema: Nos habíamos mudado a Segovia, y no sabíamos qué problemas podríamos encontrar. Castilla y León es un entorno muy conservador, pero pedimos una entrevista con el alcalde, Pedro Arahuetes, y nos recibió muy bien. 

Ana: Hablamos con él y nos dijo que íbamos a ser la primera pareja que nos íbamos a casar y nos dijo que si queríamos llamar a los medios. No quisimos porque eso significaba perder nuestros trabajos. Lo importante era casarse, legalizar la unión, estar protegidas. Y, sobre todo, que tuviéramos una protección la una a la otra. 

Gema: Lógicamente, como teníamos problemas en el trabajo, los 15 días de matrimonio no nos los pudimos pedir. Y esa es una espinita que se me ha quedado clavada. Y, sobre la familia, por parte de Ana no vino nadie, y por mi parte solo vino mi hermano. 

Ana: Durante mucho tiempo, teníamos que llevar el certificado de matrimonio en el bolso por si acaso no nos dejaban cama de matrimonio en los hoteles o teníamos problemas. 

Gema: Yo llevaba el libro de familia porque no te terminas de fiar de lo que pudiera pasar. En el caso más extremo, si hubiera un accidente podía decir que era su esposa y que me creyeran. Cuando es una pareja heterosexual se da por hecho que son pareja, pero si son dos mujeres o dos hombres te ponen más pegas. Yo creo que he llevado 12 años la fotocopia del libro de familia. 

Ana: Siempre había una espinita de que tenías que reivindicar tu matrimonio. Y luego vino el recurso del matrimonio, que fueron otros siete años. Todo ese tiempo ha habido gente que se ha casado, pero también se han podido divorciar, se han producido herencias, se han comprado cosas en común… ¿Qué iban a hacer? ¿Revertirlo todo? Cuando el Constitucional ya dijo que era totalmente válido, de los nervios, Gema se puso a llorar.  

 

Fuisteis la primera pareja de mujeres casadas en Segovia y Castilla y León. ¿Qué significa esto para vosotras? 

Ana: Significa un activismo bueno. La gente de Castilla y León es muy cerrada, es la comunidad donde menos matrimonios entre personas del mismo género se han producido. Entonces, que tuviéramos las narices de casarnos aquí y de irnos a vivir a un pueblo de 80 habitantes y que me votaran a mí como teniente alcalde por mayoría absoluta, esto es que iba a bien. Pero luego les cuesta. Pero, para nosotras fue un honor. Es verdad que somos madrileñas y vinimos aquí por cuestiones económicas. 

Siempre hay reivindicación cuando cuentas a la sociedad segoviana que dos mujeres se pueden casar. El machismo existe, y está muy bien que las primeras fuéramos dos mujeres. A veces las mujeres nos escondemos y nos cuesta dar la cara porque todavía tenemos miedo a salir en los medios.  

Gema: Cuando Ana era teniente de alcalde, supuestamente el matrimonio llevaba una andadura, pero aun así se presentaban problemas. De hecho, la Federación Estatal LGTBI+ nos había derivado casos de parejas que se querían casar y se encontraban con trabas. Recuerdo una pareja de mujeres que una de ellas estaba embarazada y, para que se pudiera registrar el bebé con las dos madres, tenían que estar casadas. 

 

Al final, habéis hecho un activismo del día a día. ¿Qué significa para vosotras “militar” desde la vida diaria? 

Gema: En el fondo, cuando te muestras abiertamente es activismo. Cuando vinimos al pueblo, lo primero que dijo Ana es: “ni somos madre-hija, ni tía-sobrina ni somos primas. Somos matrimonio, estamos casadas”. Sabes que ha habido comentarios, cotilleos, pero sabes que así se acaban muchos malentendidos. Pero también ha hecho que tengamos que aguantar comentarios. 

Ser visibles también te hace tener que aguantar preguntas incómodas. Una vez, en el bar del pueblo, uno de los vecinos, nos dice “me imagino cómo lo hace un hombre y una mujer, o dos hombres. Pero, ¿y vosotras?”. 

En ese momento el bar se quedó en silencio. Hice acopio de toda la energía que pude y le dije “nosotras lo hacemos con mucho amor”. Acabas el refresco y te vas. Pero te hace pasar un mal rato grande, y llevábamos en  el pueblo más de cinco años. Pero sí que hemos podido ser referentes para otras parejas LGTBI+ del pueblo. 

 

Pero, ¿qué cosas han cambiado desde 2005 hasta hoy en los pueblos de Castilla y León en este ámbito?

Ana: Poco a poco. No ha mejorado mucho, porque la gente joven se va a Madrid y eso nos va en contra. Porque en lugar de tener activismo aquí, nosotras somos las únicas mujeres que damos la cara. En el pueblo la gente LGTBI+ que hay se esconde y no va a nada. Y la Ley LGTBI+ en Castilla y León no sale. 

Gema: Quizá ahora la gente no se escandaliza de ver a  dos mujeres o dos hombres de la mano, pero eso no significa que hayan desaparecido las malas miradas o comentarios. Hubo un momento en el que parecía que las malas miradas y los comentarios se los callaban, pero ahora hay un repunte de esas situaciones. 

Hace nada, en Burgos, había gente que se estaba preparando para la manifestación y han recibido comentarios. Había una actuación y la artista tuvo que parar porque estaban insultando a una de sus bailarinas. En su cabeza está todavía la idea de que la gente LGTBI+ tiene que ser discreta. 

Castilla y León no es diversa en muchas cosas. Hay problemas en la educación, no de jóvenes, sino de los padres. 

Ana: Vamos a seguir luchando hasta que la gente vea esto como algo habitual. 

 

Si pudierais hablar con una pareja joven LGTBI+ que vive hoy en un pueblo pequeño, ¿qué le diríais?

Ana: Que sea valiente, que contacte con asociaciones para sentirse protegido y que no se encierre en sí mismo, que lo cuente. Más vale un rato malo que estar escondido. Ahora mismo pienso que hay protección para eso. 

Gema: De todos modos, entiendo que una persona joven que siempre haya recibido comentarios negativos, pueda plantearse no contar nada. Pero le diría que las redes sociales están bien para tener información, pero que el contacto humano es lo que le va a ayudar, que va a tener que buscar sus propias aliadas. Es una lástima que sean los adolescentes los que tengan que educar a sus padres. 

 

Por otro lado, las dos sois católicas. ¿Cómo ha convivido vuestra fe con vuestra orientación?

Gema: Tú te crías en un entorno católico y te planteas y empiezas a separar el mensaje central de la paja. Y te quedas con un mensaje de igualdad, de justicia social y recibes que eso es lo que merece la pena. Lo demás son tradiciones, son mensajes que se han ido acoplando a lo largo de los siglos que, igual que se han ido acoplando se pueden desacoplar. Y conoces una serie de tradiciones cristianas surgidas de la reforma que son más abiertas y trabajadas. 

Ana:  Yo estuve en el Opus, hubo un momento que dije que ya no creía en nada porque me fijaba mucho en la jerarquía. Sí me considero cristiana, pero no en la iglesia católica. Gracias a Dios he recuperado la fe, pero la mantengo fuera de jerarquías. 

Gema: Mi relación es con Dios, es directa y no se basa en las jerarquías. Eso no significa que no esté pendiente de lo que digan para poder levantar la voz por los derechos de las personas LGTBI+ creyentes. 

 

A lo largo de la entrevista habéis mencionado varias veces la palabra referente. ¿Qué significa para vosotras?

Gema: Yo nunca me he planteado ser referente. Yo he tenido otras personas que me han abierto camino. Yo he tenido de referente a Boti, Beatriz Gimeno, Pedro Zerolo. La gente que conocí en COGAM, como Jesús Generelo, Javier Gómez… Para mí fueron personas que estuvieron en la lucha, pero era lo que funcionaba. Para mí había un equipo. 

Ana: Son referentes con los que me quito el sombrero. ¿Nos gustaría ser referentes? Pues de la gente joven y de esta comunidad, que den la cara como la damos nosotras. 

Gema: ¡Necesitamos relevo generacional!