Leticia Ojeda sabe que construir una vida lejos de casa, siendo una mujer trans, migrante y feminista, implica enfrentarse a barreras que van mucho más allá de la identidad. La desinformación, la discriminación y las dificultades para acceder a derechos y recursos siguen condicionando las vidas de muchas mujeres trans migrantes. Desde su experiencia personal y su trabajo en el activismo social, Leticia reivindica la importancia de las redes de apoyo, la formación y la representación en primera persona. Porque no se trata solo de derribar barreras, sino de garantizar que todas las personas puedan ocupar el espacio que les pertenece y construir su propio camino.
¿Cómo se entrecruzan en tu vida las experiencias de ser mujer trans, migrante y feminista?
En mi vida personal, diría que ha marcado un hito en cuanto al conocimiento de mi propia identidad. Parece que, cuando hablamos de salir del armario, siempre pensamos en las mujeres trans, pero, en realidad, muchas veces ese armario es el de la desinformación.
En mi caso, vengo de un país muy machista y ya tengo una edad; no tengo 20 ni 30 años, aunque tampoco soy tan mayor. Cuando empecé a ser consciente de mi identidad de género, no sabía qué me estaba pasando. No tenía los recursos necesarios para identificarme como mujer trans. Sí sabía que no era un hombre gay, que mi orientación sexual no estaba ligada a mi identidad de género y que sentía un malestar, pero no tenía las herramientas para entenderlo y ponerle nombre. En ese contexto, decido migrar, lo que conocemos como sexilio.
Formo parte de ese fenómeno y, al llegar a otro lugar, me encuentro con una realidad en la que los derechos y la igualdad entre hombres y mujeres, especialmente en el caso de las mujeres trans, siguen estando condicionados por muchos prejuicios. Entonces tomo conciencia de mi propia experiencia y del camino que he recorrido.
Por eso me considero feminista, porque creo que el pensamiento feminista está ligado a la igualdad de trato y a la lucha por superar las desigualdades. Sobre todo, creo que es fundamental tener en cuenta la interseccionalidad: ser una persona migrante, ser trans y ser mujer. Esa combinación puede situarte en una posición muy difícil y peligrosa, dependiendo del lugar en el que te encuentres.
Para mí, el feminismo representa un avance en derechos sociales y una forma de pensamiento crítico frente a lo que históricamente se ha establecido como norma desde el machismo y el patriarcado. Es una manera de rebelarme contra un sistema impuesto en el que mi identidad queda expuesta a la humillación y la vejación, y en el que no se me reconoce en igualdad de derechos.
¿Cómo llegaste al activismo? ¿Qué te llevó a implicarte en la defensa de los derechos de las personas LGTBI+?
Creo que las personas activistas recibimos una primera formación en casa, a través de los valores que nos transmiten nuestros padres y nuestro entorno, como la bondad y la importancia de ayudar a los demás.
Mi madre siempre ha sido una persona que ha ayudado mucho a los demás desde su posición humilde, porque tampoco somos una familia con grandes recursos. Y parece mentira, pero muchas veces somos las personas que menos tenemos las que más damos.
Hoy, cuando echo la vista atrás, me pregunto cómo me da la vida y cómo mi cabeza puede abarcar tantas cosas. Siempre estoy pensando en cómo hacerles la vida un poco más fácil a tantas personas que necesitan ayuda.
En este contexto, cuando llegué a Zaragoza, lo primero que hice fue buscar una asociación LGTBI+, gracias a un amigo llegué a Somos. Hasta entonces, ni siquiera sabía que existía el movimiento asociativo LGTBI+. En mi país no existía o, al menos, yo no tenía conocimiento de ello.
Llegué a la asociación buscando ayuda con una documentación. A partir de ahí, empecé como voluntaria. Iba todos los sábados y me fui involucrando cada vez más en el activismo y en las actividades de la entidad, hasta que me ofrecieron un contrato.
Desde entonces, he ido creciendo dentro de la organización hasta llegar a donde estoy hoy. A veces dicen que soy la portavoz, pero creo que soy algo más: soy una persona que ha ido evolucionando y cuya presencia ha contribuido a que otras personas comprendan que este espacio también les pertenece y que necesitan ocuparlo.
Si tuvieras que explicar brevemente cuál es la situación de las personas trans migrantes en España, ¿qué dirías?
Creo que es un análisis muy complejo. En mi día a día me relaciono con amigas trans, muchas de ellas migrantes y trabajadoras sexuales. Además, en la entidad, la mayoría de las personas que atendemos son personas trans migrantes y trabajadoras sexuales, así como hombres migrantes gais y bisexuales que también ejercen el trabajo sexual.
Creo que existe mucha desinformación y un miedo colectivo que tiene que ver con los modelos políticos, económicos y sociales de los países de los que venimos, y con las experiencias que arrastramos de ellos.
Cuando llegas aquí, no sabes cómo funciona el sistema ni dónde encontrar los recursos que necesitas. Y esto sigue ocurriendo. No es que no existan recursos, sino que no siempre hay información adecuada y accesible para estos colectivos, que permita reducir su vulnerabilidad y facilitar su integración. También tenemos que trabajar para cambiar esa desconfianza hacia el sistema que muchas personas traemos con nosotras. Es cierto que, a veces, el sistema falla en determinados aspectos, pero también hay cosas que funcionan y debemos reconocerlo. Por ejemplo, contamos con un marco jurídico que ofrece herramientas de protección, aunque todavía existan desigualdades en el acceso efectivo a la justicia.
Sin embargo, muchas veces tenemos más miedo a las leyes de extranjería, a los bulos que circulan en la sociedad y a la desinformación en las redes sociales que confianza para buscar los recursos y las ayudas que necesitamos cuando llegamos aquí.
Por eso, todavía me encuentro con compañeras que no saben qué recursos tienen a su disposición. Al mismo tiempo, hay otras que se forman como agentes de salud y agentes sociales y que, a partir de sus propias experiencias, pueden ayudar a otras compañeras. Facilitan derivaciones, comparten información y crean redes de apoyo. Y eso es lo más bonito de todo este proceso.
Por ejemplo, desde Somos tenemos un grupo de ayuda mutua y una red de apoyo en línea a través del programa de pares que desarrollamos cada año. Es algo maravilloso. De hecho, una de nuestras reivindicaciones es que el programa dure un poco más y que se pueda realizar dos veces al año.
Cuando nos encontramos y compartimos tantas experiencias similares, entendemos hasta qué punto estos espacios son importantes para nuestro desarrollo personal. Todas estamos pasando por situaciones parecidas o hemos vivido experiencias que nos conectan. Ese reconocimiento mutuo crea un vínculo y, desde la empatía, nos permite construir comunidad.
Es muy bonito ver cómo estos espacios nos ayudan a derribar barreras, transformar mentalidades y establecer redes de apoyo fundamentales. Por eso creo que es importante impulsar programas que no se limiten a cumplir con una memoria económica o a justificar una partida presupuestaria. No se trata simplemente de cubrir un expediente o de llenar una partida económica: estamos ayudando a personas y generando un impacto social real en un colectivo que lo necesita.
Has mencionado las barreras que se encuentran las mujeres trans migrantes.¿Qué se necesita para hacer frente a esas barreras?
No basta con formarse; también es necesario sensibilizarse ante estas realidades y naturalizar nuestras identidades y nuestros cuerpos. No hablo de normalizar, porque no quiero sujetarme a ninguna norma. Ningún cuerpo es igual a otro. Se trata de naturalizar la diversidad y entender que existimos mujeres trans con realidades muy diferentes, que no siempre encajamos en los modelos normativos que la sociedad espera de nosotras.
Quizá yo pueda representar ese modelo de mujer trans normativa, con el pelo largo, muy femenina y demás. Pero eso no significa que represente al cien por cien de las personas trans ni de las mujeres trans. Todas cabemos y todas tenemos derecho a ocupar nuestro espacio.
Para conseguirlo, necesitamos formación, recursos, reivindicación y, sobre todo, empoderar a las mujeres trans en nuestros propios entornos. No podemos depender siempre de que haya referentes visibles que hablen por nosotras. Necesitamos que cada vez haya más mujeres trans empoderadas, con voz propia y conscientes de su capacidad para representar nuestras realidades.
Tenemos que generar más oportunidades para formarnos, desarrollarnos intelectualmente y acceder a estos espacios, de manera que podamos construir nuestra propia representatividad. No podemos dejar que sean siempre hombres gais o bisexuales quienes ocupen esos espacios y hablen por nosotras. Es importante que también lo hagan, pero cuando no estamos presentes perdemos algo muy valioso: la credibilidad y la fuerza de contar en primera persona lo que hemos vivido y la realidad a la que nos enfrentamos.
Tampoco me gusta transmitir siempre una imagen de vulnerabilidad, como si estuviéramos condenadas a permanecer abajo, abajo y abajo. No. También hay personas trans que hemos recorrido nuestro propio camino, que hemos conseguido integrarnos socialmente y que hoy trabajamos para ayudar a otras personas como nosotras.
Podemos alcanzar nuestros objetivos desde la humildad, la preparación y el conocimiento. Tenemos que darnos las oportunidades que merecemos y, cuando no se nos ofrecen, reclamarlas para poder ocupar estos espacios y ejercer nuestra propia representación.
Creo que todo esto es fundamental. Necesitamos un conjunto de medidas que nos permitan avanzar hacia una sociedad en la que nuestras identidades se naturalicen y las mujeres trans tengamos más oportunidades, más referentes y una voz propia en todos los ámbitos.
Has mencionado los bulos, ¿qué consecuencias tienen los discursos de odio contra las personas trans? ¿Cómo afectan a su vida cotidiana, su seguridad y su bienestar emocional?
El clima social hacia las personas migrantes está tenso. Y, si hablamos de personas trans migrantes, la situación es todavía más complicada. Todo esto tiene un impacto muy negativo en nuestras vidas, especialmente en las posibilidades de integración y en el respeto que merece cualquier persona, independientemente de quién sea o de dónde venga.
Yo he trabajado hace poco en el ámbito sanitario y siempre digo que me considero una persona especial porque intento transformar los entornos en los que estoy. Me gusta abrir puertas para que otras personas puedan entrar y dejar el camino un poco más fácil para quienes vengan después.
Sin embargo, me encuentro constantemente con mucha desinformación y con una discriminación que, en ocasiones, no nace de una intención consciente de hacer daño, sino del desconocimiento. Hoy en día, la gente consume mucha información a través de las redes sociales y la televisión, y eso puede tener consecuencias muy graves cuando se difunden mensajes que buscan menospreciarnos, deshumanizarnos y humillarnos, especialmente a las mujeres trans.
Además, estos discursos no afectan de la misma manera a todas las personas trans. Muchas mujeres trans seguimos estando muy expuestas a la discriminación por nuestra expresión de género, mientras que algunos hombres trans pueden encajar más fácilmente en los modelos masculinos normativos. No ocurre en todos los casos, pero sí existe esa diferencia.
Cuando a la desinformación se suma el discurso de odio de la ultraderecha, que nos presenta como violadoras, como personas que venimos a robar o que utiliza el trabajo sexual y las infecciones de transmisión sexual para estigmatizarnos, el resultado es muy peligroso. Tenemos que desmontar esos bulos. ¿Y cómo lo hacemos? Con naturalidad, explicando y mostrando nuestras realidades.
Pero no todas mis compañeras tienen la misma fortaleza para exponerse, ni tienen por qué tenerla. Lo que debería ser habitual es que cada persona pudiera vivir su vida en libertad, sin tener que ajustarse a las normas sociales impuestas. No podemos exigir que las personas trans estemos constantemente haciendo activismo, educando a los demás y repitiendo que somos personas y que merecemos respeto. También tenemos derecho a vivir tranquilas, sin tener que justificar continuamente quiénes somos.
Para mí, trabajar en el ámbito sanitario fue una experiencia muy personal, casi un experimento social. Quería comprobar qué impacto podía tener mi presencia en un entorno normativo y demostrar que podía desenvolverme profesionalmente en ese espacio. Y creo que lo conseguí. Con el tiempo, las personas dejaron de mirarme únicamente por mi identidad y empezaron a valorar mi capacidad y mi trabajo. Mi identidad se fue naturalizando hasta que me convertí en una compañera más, en una persona más dentro de mi entorno laboral.
Aquello fue un reto personal y una manera de confirmar que no estaba equivocada: existe mucha desinformación, se consumen demasiados bulos y todo eso nos hace mucho daño.
Yo tengo una gran fortaleza y una buena salud mental, pero muchas de mis compañeras no cuentan con las mismas herramientas para afrontar estas situaciones. Estos discursos y prejuicios, en lugar de ayudarnos a ganar confianza y empoderarnos, terminan por empequeñecernos y hacernos más vulnerables. Y eso es precisamente lo que tenemos que cambiar.
¿Qué puede encontrar una persona que acude a una entidad LGTBI+ como SOMOS?
¿Sabes por qué acuden? Porque llevo muchos años militando aquí y me he convertido en una persona bastante conocida. Muchas de las compañeras y mujeres trans que llegan a la entidad lo hacen porque otras compañeras a las que he atendido se la han recomendado. He establecido vínculos con ellas, las he ayudado con algunos trámites y, a través de esas experiencias, han sabido que aquí tienen un espacio en el que van a encontrar a alguien que puede comprenderlas desde una vivencia compartida.
Cuando entran, saben que no las va a atender un hombre, con todo el respeto hacia las capacidades de cada profesional, sino una persona con la que pueden sentirse más identificadas. Es cierto que hay opiniones diferentes sobre este tipo de atención y que no todas las personas se sienten igual de cómodas, pero creo que la cercanía depende también de la formación que tengas, de tu sensibilidad, de cómo te relacionas con las personas y de tu lenguaje corporal. La empatía y el conocimiento son fundamentales.
Pero, además, cuando tú misma has vivido un proceso migratorio, puedes entender mejor qué está buscando esa persona y qué puede estar sintiendo en ese momento. Si compartes ciertas experiencias, como ser mujer, ser trans o ser migrante, hayas realizado o no una transición médica, o vengas de un país u otro, es posible que se genere una cercanía especial. Esa experiencia compartida permite comprender determinadas necesidades desde la primera persona y ofrecer una atención más próxima. Creo que una parte importante del éxito de este acompañamiento está ahí.
Es fundamental que existan estos espacios para las personas que necesitan ayuda, porque, además de la atención que reciben, se pueden establecer redes de apoyo que van mucho más allá del propio programa. Por ejemplo, una compañera puede necesitar una consulta médica y preguntarle a otra cómo ha sido su experiencia con el médico, cómo le está sentando la medicación o qué recursos de atención psicológica tiene a su disposición.
A veces, lo que necesitas es simplemente hablar con alguien que conozca tu situación, que entienda lo que estás viviendo o que pueda acompañarte en un problema de salud. Todo eso hace que la vida sea un poco más llevadera. También permite compartir información y encontrar apoyo cuando tienes que desplazarte, cambiar de ciudad o atender necesidades relacionadas con tu salud sexual y con otros aspectos de tu vida.
El hecho de saber que tienes a alguien de confianza a quien acudir, que conoce los recursos disponibles y que puede orientarte, ya supone un valor enorme. Y es muy gratificante comprobar el impacto que puede tener ese acompañamiento.
Por eso creo que estos espacios son de vital importancia: porque nos permiten construir redes humanas, vínculos de confianza y una comunidad que nos sostiene cuando más lo necesitamos.
SOMOS LGTB+ ha alertado sobre la eliminación de una línea de ayudas públicas destinada a servicios de atención, asesoramiento y participación social. ¿Qué retos afrontan las entidades LGTBI+ para mantener su trabajo?
Nuestro principal reto es seguir trabajando sin recursos y reclamar lo que nos corresponde. Soy vicepresidenta segunda del Comité Consultivo de los Derechos de las Personas Trans y, la verdad, estamos viviendo esta situación con miedo, no te lo voy a negar, pero también con mucho malestar.
Ha habido gobiernos de derechas, del Partido Popular, y nunca se había llegado a una situación como esta. La ley se aprobó con un amplio respaldo parlamentario y Vox no formaba parte del Gobierno en aquel momento. Por eso me parece muy injusto y muy triste que se recorten estas líneas de subvención, porque, al final, se traducen en ayudas para colectivos que realmente las necesitan.
El principal reto ahora es seguir trabajando sin recursos y continuar haciendo activismo, como hemos hecho siempre. Es cierto que la financiación nunca ha sido suficiente, pero, al menos, nos permitía salir adelante y mantener nuestra actividad. Ahora tenemos que buscar otras vías de financiación, a través de proyectos de salud y de fondos europeos, que son los que nos han permitido respirar un poco.
Pero no es justo, y tenemos que reclamarlo. Desde el Observatorio y el Comité Consultivo estamos trabajando para presentar nuestras reivindicaciones donde corresponda. Incluso estamos valorando la posibilidad de emprender acciones por la vía jurídica.
Así que uno de nuestros retos es aprender a buscar nuevas fuentes de financiación y otras líneas de subvención que no dependan únicamente del Gobierno, sino también de entidades nacionales y europeas, como te comentaba.
Y, lamentablemente, también está la realidad de tener que seguir trabajando sin cobrar, algo que algunas de nosotras ya hemos tenido que hacer en otras ocasiones.
Has defendido que hacen falta más espacios donde se aborden la salud mental y los cuidados de forma integral. ¿Qué significa cuidar de forma integral y qué necesidades siguen sin estar suficientemente atendidas?
Es importante que la persona no se vea aislada de su contexto y de su entorno social. ¿Por qué? Porque, aunque el concepto de salud debería entenderse de una forma integral, en muchos centros sanitarios todavía se tiende a tratar a la persona como si estuviera separada de su realidad social.
No podemos atender un dolor o una enfermedad olvidándonos del contexto que estamos viviendo en ese momento. Todo forma parte de nuestra salud y puede influir en que tengamos una buena o una mala salud, así como en nuestra calidad de vida.
Por eso, hay que situar a las personas en el centro de la atención, teniendo en cuenta todas sus circunstancias sociales, económicas y, por supuesto, sanitarias. Esto es especialmente importante en el caso de las personas trans. Hay que conocer su realidad: si son migrantes, si ejercen el trabajo sexual, si tienen documentación, dónde viven, cuál es su red de apoyo y qué les está ocurriendo en ese momento. También hay que tener en cuenta si son mujeres trans que viven con vih, si han realizado una transición médica o si son víctimas de violencia.
Todo esto influye en la salud. Una persona puede acudir al médico por un problema concreto y recibir atención para esa dolencia, pero quizá exista una situación de fondo que también necesite atención.
Otro aspecto muy importante es el consumo de sustancias. La problemática de las adicciones entre las mujeres trans requiere una atención específica, porque podemos encontrarnos con necesidades diferentes y patrones de consumo distintos.
En definitiva, creo que debemos atender a cada persona teniendo en cuenta todas sus intersecciones, en lugar de tratarla como un sujeto aislado de su contexto y de todo lo que la rodea.
Has mencionado que el hecho de trabajar con otras mujeres había cambiado también tu manera de ver en el acompañamiento y los cuidados. ¿Cómo ha cambiado?
Antes no trabajaba con personas trans ni nada, y la verdad es que ha sido un trabajo muy difícil, pero muy gratificante porque, desde la empatía, puedo entender porque soy una mujer trans, el miedo que tenemos y el rechazo, incluso la transfobia que tenemos hacia otras compañeras, porque es lo que se nos ha educado desde siempre: a rechazar lo que no está sujeto a la norma.
Entonces, en la búsqueda de nuestra identidad, pasamos por todos estos procesos, incluso psicológicos. Para mí ha sido un reto adelantarme también a los horarios, a la personalidad, a esos traumas que tenemos de antaño, de lo que la sociedad nos ha hecho tener, de acuerdo con el lugar donde vivimos, donde hemos crecido, o el sexilio que hemos pasado, o la descolonización. O si ya tienes todo eso, pero no te dan el empleo porque eres una mujer trans.
Entonces, claro, es muy complejo. Hay que tener un nivel de empatía muy desarrollado para la apertura y tener esa capacidad de atender a todo el mundo y hacerlo bien. Entonces, la eficacia para mí es muy importante, porque a mí me gustaría dar una atención como a mí me gustaría recibirla. En ese sentido, creo que esa es la clave de cómo puedes hacerlo.
Este es el portal de Referentes, un espacio para visibilizar historias que pueden inspirar a otras personas. ¿Qué referentes has tenido tú a lo largo de tu vida y de tu trayectoria activista? ¿Qué has aprendido de ellas?
Principalmente, mi familia. Como te decía, mi madre ha sido un referente. Antes no me daba cuenta, pero cuando supe lo que era el activismo, dije: «Bueno, mi mamá fue una activista».
Luego, sí me gusta tener siempre como referentes a todas esas mujeres trans que están en la política, pero que vienen de un movimiento social.
Esa mujer trans, la más votada de la historia en Brasil como comisionada, diputada… Entonces, esto dice que el mundo está cambiando, porque las miradas están en el fondo, donde deben estar. Y porque, bueno, está esa mujer trans allí porque ella se ha preparado para esto, porque viene de un movimiento social y porque ha estado en un eje de vulnerabilidad, como lo han estado muchas, ¿no? Digamos, la mayoría.
Mi referente, cuando llegué aquí, era Carla Antonelli. Le tengo mucha admiración a ella porque me gusta mucho su discurso.Había una mujer trans que estaba en la Asamblea en sus tiempos y rompió muchos esquemas, claro, como persona no normativa. Entonces, para mí, yo decía: «Guau, yo quiero ser como ella, como ella lo hizo». Entiendo que ella se preparó muchísimo intelectualmente, entonces está allí por algo, estuvo allí por algo. Si la votaron, fue por algo.
Entonces, yo creo que no podemos alejar la política del sustento social, porque todo es un sistema político. Tu cuerpo atiende a un sujeto político y, en la medida en que eres consciente de ello, te das cuenta de cómo funciona el mundo actual en tu entorno y cómo puedes impactar en tu entorno. Entonces, bueno, ahí tienes algunas referencias.
Por último, ¿qué le dirías a una mujer trans migrante que acaba de llegar a España?
Creo que lo que más les diría es que busquen mucha información, que estamos nosotras, todas las entidades en España, a través de España, para ayudar, y que sí puedes tener una integración si tienes la voluntad de hacerlo.
Porque es muy difícil. Yo entiendo que mandar dinero a nuestros países, buscarnos la habitación, el permiso de trabajo y luego la discriminación por ser mujer trans… Es muy difícil no caer en el eje del trabajo sexual, las adicciones, la crisis habitacional, el trabajo sexual, las adicciones. Eso es un círculo vicioso. Salir de allí es muy complicado para nosotras, que tenemos el callejón cerrado.
Pero, sin embargo, digo con esperanza, con firmeza, con determinación y voluntad, puedes hacerlo. Entonces, que busquen la manera de formarse, de integrarse, de pasar de esas creencias a la transformación del pensamiento, de que este sistema puede servir y de que aquí, más o menos, están resguardados nuestros derechos y que vamos a seguir luchando por ellos.