“Sentía que la asexualidad no era bienvenida dentro del colectivo, pero ha habido un cambio enorme”

Leticia Rey es activista, asexual y miembro de la ejecutiva de la Federación Estatal LGTBI+. En un contexto donde la asexualidad sigue siendo invisible o malinterpretada, alza la voz para desmontar mitos, reivindicar una educación sexual que ponga el consentimiento en el centro y subrayar la urgencia de referentes reales. Porque detrás de la desinformación no solo hay desconocimiento, sino también consecuencias: soledad, incomprensión y la necesidad de un reconocimiento social. 

 

Para quien no lo sepa, ¿qué significa ser asexual?

La asexualidad es un espectro. Ser una persona asexual quiere decir que tu atracción sexual no está dirigida hacia ninguna persona. Igual que una persona bisexual tiene su atracción dirigida hacia todo el mundo, una persona asexual la tiene dirigida hacia nadie. Pero, como es un espectro, sí que hay personas asexuales que, en ocasiones concretas o con poca frecuencia, pueden sentir atracción.

 

¿Y cuál es la diferencia entre una persona asexual y una persona arromántica? 

Las atracciones más conocidas y que nos inculcan desde peques son la atracción sexual y romántica, pero hay otro tipos: la sensual, la de amistad, la estética… Las personas nos pueden atraer en varios sentidos. 

La atracción romántica que es la que te lleva a formar vínculos amorosos de pareja. Las personas arrománticas son quienes no sienten atracción romántica. Pueden tener atracción sexual (o no), pero no tienen atracción romántica.

 

Existen muchos mitos sobre la asexualidad. ¿Cuáles son los más comunes?

Los mitos más frecuentes son que “es que nadie quiere estar contigo”, que “estás mal de la cabeza”, que “te crees superior” (porque dicen que no te dejas llevar por las pasiones, cuando en realidad hay muchas pasiones distintas). También hay personas que dicen que es una elección, que lo eliges tú, y lo confunden con el celibato. Otros lo tratan como un problema físico: frigidez, hormonas o lo que sea. Y otros dicen que es una tontería para llamar la atención.

Luego están los mitos de que “es una moda”, que “ya encontrarás a alguien que te atraiga”, que es por una mala relación o una mala experiencia. Y además está la idea de que, si no eres antisexual (es decir, si no rechazas practicar sexo), pero sí eres asexual y no te importa practicarlo, entonces “tendrás que practicar sexo aunque no quieras”.

 

¿Cómo afectan estos prejuicios a las personas asexuales?

Es el típico iceberg: no solo te dicen todas estas cosas, sino que además te hacen preguntas invasivas, como si te masturbas, si eres antisexual o no, o te preguntan por tus relaciones para “investigar” si has tenido algún trauma. Y luego está el tema del género: a un chico/una chica se da por hecho que no puede ser asexual así que viven la invisibilización dentro de la invisibilización y a un chico/un chica se da por hecho que “simplemente es así”, porque como la cultura ha estado siempre en contra de la libertad sexual, las mujeres hemos estado muy reprimidas. Y al final tienes que estar explicando que la libertad sexual es tanto poder acostarte con quien quieras como no acostarte con quien no quieres.

¿Qué pasa? Que todas estas cosas que escuchas desde la adolescencia te condicionan. Cuando tienes pareja, “lo normal” es tener relaciones sexuales, y entonces pueden pasar dos cosas: que esa persona no te atraiga, pero por miedo a perderla, a quedarte sola, a lo que dicta la sociedad, acabes teniendo relaciones igualmente; o que ni siquiera seas consciente de que esa persona no te atrae. Hay gente que ha descubierto que es asexual con 50 años. Si es una atracción que tú no sientes, ¿cómo vas a saber que no la sientes? Es muy difícil.

Mucha gente confunde la asexualidad con otras formas de atracción: la romántica, la estética… “Si me encanta estar con esa persona, si me gusta su cuerpo… eso será atracción sexual”, piensan. Y luego descubren, a los 50 años, que han estado toda su vida forzándose a cosas por presión social o por autoengaño. Todo esto lleva a estadísticas durísimas: en encuestas dentro de la comunidad asexual, alrededor de un 30% ha tenido intención suicida, casi un 60% ha tenido ideación suicida, y cerca del 66% ha sufrido discriminación, sugerencias de “curación”, agresiones verbales o físicas…

Además, también nos atraviesan otras intereeccionalidades, como la neurodivergencia, lo que puede llevar a que te digan que si eres asexual, es porque eres neurodivergente, o viceversa. Ya te hace dudar de dónde viene tu angustia… cuando al final todo se resumen en que nuestras disidencias no se entienden ni se respetan.

En los estudios sobre agresiones sexuales aparece algo muy fuerte: después de las mujeres bisexuales, las mujeres asexuales son las que más intentos de agresión o agresiones sufren.

 

¿En qué situaciones la identidad de las personas asexuales puede ser ignorada o invalidada? 

La violencia hacia las personas asexuales suele darse en espacios privados, no tanto en la calle, porque es una orientación que no “se nota”. Aun así, los mensajes de prensa, amistades o entorno van calando: que “no estás bien”, que “estás enferma”, que “eso no es normal”. Esto se refuerza en el ámbito cercano, donde familia, amistades o parejas pueden intentar “arreglarte” o presionarte. Incluso en la sanidad, cuando profesionales desconocen la asexualidad, tienden a interpretar lo que cuentas como vaginismo, problemas hormonales o falta de atracción hacia la pareja, y pueden derivarte a tratamientos que no necesitas.

A muchas personas asexuales les falta información durante años, lo que las lleva a dudar de sí mismas, a buscar diagnósticos médicos o a confundir la asexualidad con otras formas de atracción, como la estética o la romántica. Esto también afecta al consentimiento: en parejas donde “lo normal” es tener sexo, algunas personas se fuerzan sin desearlo, por miedo a perder a la pareja o por presión social. En algunos casos esto genera respuestas físicas como el vaginismo. Todo ello explica por qué dentro de la comunidad asexual hay índices elevados de ideación suicida, discriminación y experiencias de violencia.

Además, hay presiones familiares (por expectativas sobre descendencia o modelos de familia) y situaciones de invalidación incluso entre amistades o desconocidos al salir del armario, muchas veces en forma de intentos de “cambiarte”, similares a prácticas de conversión. A esto se suma que hasta fechas recientes existían diagnósticos clínicos que patologizaban la falta de deseo, y que aún hoy, si profesionales y pacientes no conocen la asexualidad, esos diagnósticos se siguen aplicando. Todo este contexto crea un entorno donde la asexualidad se invisibiliza y se malinterpreta, aumentando el malestar y la vulnerabilidad de quienes la viven.

 

¿Por qué es importante el activismo?

Las entidades y el activismo son muy importantes, primero porque hay gente que puede ser asexual y no saberlo. Y segundo porque, buscando por tu cuenta en internet, puede que tengas suerte y des con definiciones o personas que te resuenen, o puede que no te encaje al 100% y, aun así, pertenezcas al espectro sin saberlo, lo que hace que sigas sufriendo.

Además, el activismo aporta diversidad de experiencias. Si solo has escuchado un tipo de persona asexual en tu vida, es fácil que no te sientas identificada. Pero si conoces a distintas personas —una con pareja, otra sin, otra que no forma vínculos, otra que tiene relaciones sexuales cuando le apetece— entiendes mejor la variedad dentro del espectro.

También es importante entender cómo se ha instrumentalizado la asexualidad en algunos discursos. Por ejemplo, figuras públicas como J.K. Rowling han hecho comentarios del tipo “feliz día a las personas que presumen de no follar”, y en ciertos discursos TERF se ha llegado a decir que las mujeres asexuales son un “peligro” porque “aunque no sientan atracción sexual, pueden tener sexo”, interpretándolo como si eso implicara falta de consentimiento. Pero precisamente lo que se defiende desde el colectivo asexual es lo contrario: que el consentimiento es la base de todo, y que no es “me dejo hacer porque si no mi pareja me deja”. Además, en esta línea se ve cómo la asexualidad y el BDSM se pueden unir porque, otra vez, ambos ponen el consentimiento en el centro y si mi límite es que me des un beso en la mejilla se respeta.

También la prensa tiene parte de responsabilidad. Aunque ahora ocurre menos, durante mucho tiempo se han hecho titulares o programas donde se presenta la asexualidad como algo extraño o contradictorio: que existe, pero que “no es un problema porque pueden practicar sexo”. 

Por eso el activismo es necesario: porque lo hacen personas informadas que explican que ser asexual no es no tener sexo, sino no experimentar atracción sexual. Y que lo importante es entender cómo funciona el consentimiento, el deseo y la presión social. El sexo solo debería darse desde un consentimiento activo, o por motivos propios y libres (como querer tener descendencia o disfrutar un momento concreto), pero nunca por obligación ni por presión social.

 

¿Cuáles son los retos o reivindicaciones de las personas asexuales?

La mayor reivindicación es la visibilización y la sensibilización. Muchos de los problemas vienen de que muchísima gente no tiene idea de lo que es la asexualidad y, cuando se visibiliza, si no lo hace alguien con información, lo que se acaba transmitiendo es desinformación. Y entonces surge la duda de si es mejor seguir siendo invisible que exponerse a que te expliquen mal.

Otra clave es la educación sexual integral, que debería centrarse primero en explicar qué es el consentimiento, luego en explicar que hay más orientaciones además de la heterosexualidad, y después ya abordar las ITS. Sin embargo, legalmente solo es obligatoria una clase en tercero de la ESO, lo cual es muy poco. En una hora no se puede abarcar todo. Si se impartiera educación sexual integral desde infantil, en preescolar se podría trabajar el consentimiento, en primaria enseñar que nadie te toca sin tu permiso, y en secundaria ya introducir temas como las ITS. Así, la base estaría interiorizada. Pero si solo se da en una charla de 45 minutos, la información no se integra.

También es importante ampliar la representación: explicar cómo funcionan las relaciones, qué es el afecto, cómo son las familias y diversificar las narrativas, incluyendo modelos como el poliamor. El activismo, además, debe crear espacios seguros y de apoyo, sobre todo en entornos clave como el instituto.

Por otro lado, es fundamental la investigación: estudios sobre mujeres, hombres, personas no binarias y personas neurodivergentes. Y también la formación, especialmente en sanidad, educación y administración en general, así como el acompañamiento a infancias y adolescencias, que es donde empieza todo.

 

¿Qué puede hacer el resto de la sociedad para respetar y visibilizar a las personas asexuales?

Por ejemplo, no dar por hecho que el sexo es el centro de todo. Sabemos que el sexo tiene poder económico, que se usa en publicidad y que se asocia al dinero, pero aun así no debería ser el eje de todas las relaciones o expectativas.

Tampoco dar por hecho en infancias y adolescencias que una persona siente atracción. Igual que se ha puesto de moda preguntar “¿tienes novio o novia en el cole?”, también debería normalizarse no preguntar eso, o dar la opción de que simplemente no te guste nadie. Parece que todo se orienta a lo romántico y lo sexual, pero durante mucho tiempo se ha tratado como si fuera lo único que existe o como si fuera invisible lo demás. Otra cosa es no asumir que, porque una persona tenga pareja, esa pareja tenga que implicar relaciones sexuales.

Es importante que la gente no hable sin saber o que se informe más sobre el sexo, tanto para su propio bienestar como para el de los demás. Evitar comentarios como “el sexo es lo normal”, “si no te atrae nadie es lo anormal” o “tendrás traumas”, entre otros. Y, por lo más básico: no agredir a nadie ni forzar a nadie, sea porque es asexual o simplemente porque no le gustas, y punto.

Incluso entre los hombres que escogen vidas de celibato se da por hecho que todos reprimen sus atracciones, cuando alguno podría no sentirla. A cualquier hombre de 40 o 50 años soltero se le asume que tiene vida sexual, aunque no lo diga, pero se considera una obviedad que sentirá atracción. No se contempla que puedan ser asexuales, porque que un hombre sienta atracción y lo demuestre forma también parte de la «cárcel» de la masculinidad.

Dentro del género, a un hombre de 40 años soltero se le asume que tiene vida sexual, aunque no lo diga, pero sí se da por hecho que tiene deseo. Sin embargo, si es asexual, no se contempla. Esa es la “cárcel” que muchas veces representa la asexualidad.

 

¿Qué avances importantes has visto en los últimos años gracias al activismo?

Yo llevo pensando que soy asexual desde los 15, pero antes sentía que la asexualidad no era bienvenida dentro del colectivo. Primero, porque llegaba junio y Twitter se llenaba de gente diciendo que las personas asexuales no debían ir al Orgullo. Mucha gente es asexual y heterorromántica, y como eso “entra” en el pack de heterosexualidad, había quien decía que no encajaban. Es como criticar a la gente bi con pareja de diferente género, porque si venía un novio y una novia se les veía como heteros, sin plantearse que igual son bi, o asex, o intersex, o que una de las personas es trans…

Por otro lado, la falta de visibilidad hacía que no se entendiera qué era ser asexual. Se pensaba que era gente que simplemente practicaba menos sexo y ya, o que ser asexual era modular tu orientación sexual, o que tenía que ver con la frecuencia de las relaciones. Incluso se confundía tanto que decían que tu verdadera orientación sexual era la romántica. Había mucha desinformación dentro del propio colectivo, así que no te sentías en espacios seguros, y mucho menos fuera. Pero dentro del colectivo ha habido un cambio enorme. Yo he visto un machaque importante, pero también una evolución muy positiva. El WorldPride fue un hito: ya se veían banderas asexuales y las entidades empezaban a hablar del tema. Al menos había un intento real de incluirnos. Ahora se da voz a personas asexuales y, lo último, hemos llegado a la ejecutiva de la Federación Estatal LGTBI+. También se pide formación, muchas entidades ya incluyen la A, y eso también importa.

Es verdad que todavía hay un salto grande entre la formación que tienen las personas activistas y las que no, pero ahora ya se escucha más la palabra, ya suena, y sobre todo la gente joven entiende la lógica porque mucha información llega por redes sociales. Pero ninguna formación o información se centra todavía en las violencias. Está muy bien explicar la orientación de la asexualidad, pero hace falta explicar lo que implica, porque si no la gente se queda solo en el concepto. Una persona deconstruida entiende el concepto y ve automáticamente todo lo que arrastra, pero alguien que no lo está, lógicamente, no ve dónde puede estar el problema. Así que aún queda trabajo. Creo que lo que más ha cambiado es la sociedad, especialmente la gente joven. En la prensa, en algunos medios ya se intenta prestar más atención, aunque todavía hay que mejorar el foco.

 

¿Por qué son importantes los referentes?

La importancia de los referentes es enorme porque permiten que una persona se reconozca a sí misma y no se sienta sola o “rara”. Aunque alguien tenga claro el concepto de asexualidad, ver a otras personas reales con experiencias parecidas puede marcar la diferencia. Tener referentes con voz pública evita que otras personas jóvenes tengan que pasar por el mismo proceso de duda o soledad, ofreciendo modelos cotidianos con los que identificarse.

También son fundamentales los referentes en la cultura pop: artistas, actores y actrices, series y películas. Narrativas como Heartstopper ayudan mucho porque muestran personajes asexuales de forma explícita y positiva dentro de un público ya queer. Incluso personajes como Bob Esponja sirven como punto de identificación, aunque no se desarrollen tanto. Series como Sex Education también apoyan esta visibilidad explicando la asexualidad de forma clara.

Aun así, hace falta más contenido donde se verbalice la asexualidad y se represente con naturalidad. Ojalá en el futuro no sea necesario explicar cada concepto, sino que simplemente existan historias diversas donde una persona sea asexual sin necesidad de justificarlo, igual que otras historias muestran relaciones de distintos tipos. La normalización llegará cuando estas identidades puedan aparecer de forma orgánica, integrada en grupos de amistades y narrativas cotidianas.